El pulso de las democracias occidentales
DAVID VILLARREAL ADALID
Martes 02 de Diciembre de 2025 10:36 am
EMPECÉ a ver la serie de Benito Mussolini, que, aparte de ser una
interesante propuesta, ha devuelto a la conversación pública un tema que no
hemos dejado atrás: la fragilidad de las democracias. Al mostrar al joven Duce antes de convertirse en dictador, la serie
recuerda algo muy vigente: las corrientes autoritarias no surgen de forma
espontánea; son, más bien, consecuencia de debilidades institucionales,
justificaciones, omisiones y silencios que, en conjunto, abren la puerta a
aquellos que prometen orden y grandeza. La Italia de los años 20 no cayó porque el fascismo fuera inevitable. Su
caída se explica por la combinación de fractura institucional, polarización
social y ausencia de dirigentes que le hicieran frente. Las circunstancias del
pasado hacen eco en las distintas democracias occidentales de hoy, donde la
estabilidad política ya no se percibe como parte de su arquitectura. La serie muestra un país en crisis, pero también a una clase política
cansada, dividida y dispuesta a renunciar a principios básicos a cambio de
medidas inmediatas. Mussolini no se hizo del poder confrontando a un Estado
fuerte; más bien, se lo entregó un Estado exhausto. En Europa y América se vislumbra un fenómeno que parecía imposible hace
tan solo 30 años: partidos con raíces de extrema derecha compiten por el poder
desde posiciones de normalidad institucional. Las fronteras de lo políticamente
correcto se han desvanecido y los discursos que antes se consideraban
intolerables ahora son clamados por grandes audiencias, especialmente en
sectores marginados y vulnerables. Esto no quiere decir que estemos ante un resurgimiento del
fascismo, sino frente a un paralelismo en el estado de ánimo político: ausencia
de identidad nacional, desconfianza del pluralismo y una fuerte crítica a la
lentitud de la democracia para lograr cambios en un mundo dinámico. El dilema no es solo electoral, sino cultural. En muchos
países la condena moral al autoritarismo es prácticamente nula. Hoy vemos
líderes que se declaran abiertamente antidemócratas y que proponen (ante
problemas complejos) retóricas simples, directas, emocionalmente eficaces,
pero, sobre todo, peligrosas. La serie del Duce es valiosa porque recuerda el punto de inflexión en el
que comenzaron las grietas en Italia. Cuando la ciudadanía se confronta
constantemente, los liderazgos renuncian a la prudencia y los medios emiten
discursos incendiarios, hay que detenerse a reflexionar. Las democracias viven hoy un momento extraño: nada se ha roto, pero
varias certezas que dábamos por hechas ya no lo están. Por tanto, más allá de la espectacular producción audiovisual, Mussolini: Son of the Century debería
ser interpretada como un recordatorio de lo simple que es, en sociedades
avanzadas, ceder espacios al autoritarismo sin percatarse. En un mundo donde
abundan las crisis (económicas, migratorias, tecnológicas) la mano dura podrá
parecer atractiva, pero no olvidemos que detrás de estos lenguajes
contemporáneos se ocultan lógicas perversas.
*Presidente de la
Asociación de Egresadas y Egresados de Economía UCOL
