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INDUSTRIA, INNOVACIÓN Y PUERTO



JUAN JOSÉ MEZA NÚÑEZ

La paleta del ingeniero


Martes 02 de Diciembre de 2025 10:33 am


II/II

EN el mundo empresarial se habla mucho de OKR: Objectives and Key Results, (Objetivos y Resultados Clave). En español es sencillo: qué queremos lograr y cómo vamos a medir si lo logramos. Un buen objetivo no es un eslogan; es una dirección clara. Un buen resultado clave no es una frase bonita; es un número verificable.

Cuando ese niño vio la mototaxi sobrecargada, hizo exactamente eso:

1. Detectó un problema: “Van a ocasionar un accidente”.

2. Tenía un dato: “He leído la capacidad de la moto”.

3. Actuó para prevenir: se acercó a advertir.

Él, sin saberlo, aplicó la lógica natural de los OKR, puesto que leyó, midió y previno. Hizo más planeación en 30 segundos que muchas oficinas en todo un sexenio.

Ahora imaginemos que esa misma lógica se aplicara a nivel país:

En vez de decir: “vamos a impulsar la innovación”, lo convertimos en un objetivo claro: “Duplicar en cinco años el número de técnicos e ingenieros egresados en carreras relacionadas con manufactura avanzada, energía y digitalización”, con cifras públicas por estado.

En lugar de decir: “fortalecer la infraestructura”, sería mejor un resultado clave verificable: “Elevar la inversión pública en infraestructura productiva de 2 por ciento a 3 por ciento del PIB en tres años, con seguimiento trimestral y proyectos auditables”.

En vez de anunciar “desarrollo parejo”, un indicador duro podría ser: “Lograr que al menos 30 por ciento de la nueva IED industrial se instale en estados hoy considerados rezagados, bajo condiciones de seguridad y energía garantizada”.

Eso son OKR: no una moda importada, sino una ética de responsabilidad pública. Objetivos claros, resultados medibles. Verdades, no relatos.

¿Se pueden integrar los OKR al comentario desde la óptica del niño y su visión, sin mentir?

La respuesta es sí, pero solo si aceptamos algo incómodo. No basta con criticar, hay que proponer. No basta con anunciar, hay que medir. No basta con querer, hay que realizar.

Recordemos al niño de la paleta: con su cuerpo marcado y su mente despierta, no salió a la calle a quejarse de su suerte. Salió a trabajar, a leer, a observar el mundo, a soñar con ser ingeniero. Y todavía tuvo la generosidad de regalar una paleta “para mis preocupaciones”.

Por mi parte, la guardé sin abrirla, ya que se convirtió en un recordatorio silencioso de lo que este país necesita mexicanos que lean, no solo que compartan cadenas en redes sociales; mexicanos que midan, no solo que opinen; mexicanos que prevengan, no solo que lamenten.

Si logramos que nuestra política industrial, nuestras leyes económicas, nuestros planes estatales y nuestros proyectos empresariales se parezcan más a ese niño (valiente, informado y útil), quizá dejemos de sobrecargar el mototaxi de México con discursos y lo pongamos a transitar con fin, orden y destino.

A lo anterior, en la empresa, le llamamos OKR. En la vida, se llama conciencia aplicada. Ese niño no pidió subsidios ni becas: pidió que leyeran. Midió antes de hablar, observó antes de juzgar y en su mirada había más planeación que la que muchos podrían tener.

El resto son solo palabras. Colaboración y visión compartida para una industria fuerte

 

*Presidente de CANACINTRA Colima