ESTACIÓN ESPERANZA
VLADIMIR PARRA BARRAGÁN
Soberanía Mexicana vs. Imperialismo de EU
Lunes 15 de Diciembre de 2025 10:54 am
ESTE año en curso, el Tratado de Aguas de 1944
entre México y EU ha vuelto a encender tensiones binacionales, recordándonos
cómo un acuerdo octogenario, diseñado en un mundo sin crisis climática global,
se ha convertido en un instrumento de desigualdad. Este pacto no es solo un
relicto obsoleto, sino un reflejo del imperialismo estadounidense que prioriza
los intereses agroindustriales del norte sobre la supervivencia de comunidades
marginadas en el sur. La presidenta Claudia Sheinbaum, con su visión
progresista y soberana, ha enfrentado con dignidad las amenazas de Donald
Trump, demostrando que la verdadera diplomacia radica en la equidad y no en el
chantaje arancelario. Este tratado obliga a México a entregar 1.75
millones de acre-pies de agua del Río Bravo cada cinco años, mientras EU aporta
del Colorado. Pero el cambio climático ha exacerbado sequías en México, dejando
déficits hídricos que afectan a millones en Chihuahua y Tamaulipas. En octubre
de 2025, finalizó un ciclo con pendientes, y Trump, fiel a su estilo
autoritario, amenazó con un arancel del 5 por ciento a importaciones mexicanas
si no se “liberaban” 200 mil acre-pies inmediatamente; acusó a México de “robar
agua” y contaminar ríos, ignorando que sus propias políticas antiambientales
han agravado la crisis global. Esta postura trumpista y neocolonialista usa el
poder económico para someter a un vecino soberano, protegiendo a agricultores
texanos (muchos ligados a corporaciones) mientras ignora el hambre y la sed en
comunidades indígenas y campesinas mexicanas. Frente a esto, Claudia Sheinbaum ha emergido
como una líder de izquierda auténtica, heredera del legado transformador de
López Obrador. En sus mañaneras ha insistido en que México cumple “conforme a
la disponibilidad” hídrica, priorizando el consumo humano sobre exportaciones
forzadas, y es que ¿cómo entregar agua que no existe sin sacrificar a los más
vulnerables? Sheinbaum ha negociado con firmeza, logrando un
acuerdo reciente que pausa la crisis, con entregas graduales a partir del 15 de
diciembre y extensiones hasta enero de 2026, sin afectar derechos básicos. Esta
respuesta resalta su compromiso con la soberanía: invirtiendo en plantas de
tratamiento y defendiendo que el tratado debe adaptarse al cambio climático, no
usarse como arma. El tratado de 1944 es obsoleto porque ignora
realidades contemporáneas: el calentamiento global ha reducido caudales en un
20 por ciento desde entonces, afectando desproporcionadamente a naciones en
desarrollo como México. Es necesario renegociar el tratado,
incluir cláusulas por sequías, priorizar derechos indígenas (como los yaquis en
Sonora), fomentar cooperación en reforestación y tecnologías verdes, y rechazar
amenazas económicas. Se trata de justicia hídrica: el agua como bien común, no
mercancía. Sheinbaum lo entiende: ha impulsado políticas
hídricas internas que combaten la privatización y promueven la equidad, como en
la CDMX. Trump, en cambio, representa el retroceso: su negacionismo climático y
alianzas con Big Ag exacerban la desigualdad. Esta disputa no es solo sobre agua; es sobre
poder. Sheinbaum defiende la dignidad mexicana; Trump, el dominio yanqui. Una
visión integral es imperativa para un tratado que sirva a la humanidad, no al
capital. ¡Agua para el pueblo, no para el imperio!
*Presidente
de Ciapacov
