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EL CENTINELA DEL AUTISMO



VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ

Mirar donde nadie está viendo


Domingo 04 de Enero de 2026 6:50 pm


CUENTA la historia que, durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense quiso reforzar sus aviones. Analizaron los que regresaban de las misiones y vieron que la mayoría de los impactos de bala estaban en las alas y en la cola. La conclusión parecía obvia: ahí había que poner más blindaje.

El matemático Abraham Wald dijo algo que lo cambió todo: “El problema no son los datos, sino cómo los interpretan. Ustedes solo están viendo los aviones que lograron regresar. A los que no regresaron quizá les dispararon en otras partes. Lo que hay que reforzar es justo donde ahora no ven impactos”. Ese giro de mirada es, en el fondo, una lección de vida. No basta con contar impactos. Hay que preguntarse qué no estamos viendo.

Arrancamos 2026 y, como cada enero, es fácil mirar solo los balazos del año que pasó: los recortes, las negativas, las puertas cerradas, los “no hay presupuesto”, los diagnósticos que no llegaron, las citas que se pospusieron, las promesas que se quedaron en discurso. En el mundo de la discapacidad y del autismo, estas “zonas dañadas” se sienten todos los días.

Si solo miramos los agujeros, corremos el riesgo de olvidar algo igual de importante: también hubo aviones que regresaron. También hubo cosas que sí salieron bien. En Fundación TATO lo vemos a diario:

1. Un niño que por fin tolera un cambio en su rutina.

2. Una mamá que ya no se siente sola porque encontró un grupo de apoyo.

3. Un joven con autismo que fue recibido en un espacio educativo o laboral donde antes no había lugar para él.

4. Profesores que se capacitan por convicción, no solo por obligación.

Son logros pequeños a los ojos de muchos, pero gigantes para quienes los viven. Esas son las “partes del avión” que sí resistieron, que sí están funcionando. Y vale la pena reforzarlas con algo que pocas veces tomamos en serio: el agradecimiento.

No se trata de tapar la realidad con optimismo ingenuo. Sabemos que faltan políticas serias, presupuestos claros, voluntad política y social. Sabemos que hay familias que no llegaron, que se cansaron, que no encontraron lugar. Eso también duele y no debe olvidarse.

Pero si solo nos quedamos en la queja, el cansancio nos termina derribando.

Agradecer no es resignarse. Es reconocer el terreno firme donde todavía podemos pisar para seguir avanzando.

Cuando una familia agradece que su hijo fue tratado con respeto en la escuela, ahí hay un punto de apoyo. Cuando una empresa abre una puerta a la inclusión y decide repetirlo, ahí hay otra parte del avión que merece reforzarse. Cuando un servidor público escucha de verdad y no solo posa para la foto, ahí se abre una rendija para hacer las cosas mejor.

Tal vez este 2026 podamos empezar preguntándonos algo distinto: ¿Qué sí funcionó el año pasado? ¿Qué gestos, personas, instituciones o espacios hicieron que “el avión” regresara, aunque fuera lleno de impactos?

Porque desde ahí (desde lo que sí resistió) podemos construir lo que falta.

El agradecimiento no es una palabra bonita: es una energía que convierte la experiencia en semilla. Donde hay gratitud auténtica, hay terreno fértil para sembrar cambios más profundos.

Como alguien que vive y trabaja por el autismo y la discapacidad, no ignoro las balas. Las veo todos los días. Pero también veo los vuelos que regresan contra todo pronóstico. Y este inicio de año quiero reconocerlos: a las familias que no se rinden, a los profesionales que ponen el corazón, a las personas con autismo que nos enseñan otra forma de estar en el mundo.

La pregunta con la que te invito a empezar 2026 es simple: ¿Qué te hace sentir agradecido hoy… y

qué vas a reforzar a partir de eso?



*Director ejecutivo de Fundación Mexicana de Autismo TATO