ALGO MÁS QUE PALABRAS
VÍCTOR CÓRCOBA HERRERO*
Ante la nueva estrella; la estela del auténtico amor
Martes 06 de Enero de 2026 9:18 am
EN nuestro afán y desvelo por aquí abajo, buscamos siempre y rebuscamos sin cesar la estela luminosa que nos imprime calor de hogar sin llegar a consumirse jamás, porque es la única luz que nos hará felices. Ciertamente, el auténtico amor todo lo resplandece, incluso en las noches oscuras de la vida. Al igual que la perenne providencia, que con su destello guió a los Magos a Belén, así también nosotros, con nuestro amor, podemos proteger a multitud de seres indefensos en escenarios de contiendas absurdas; muchas de ellas iniciadas en su propia familia. Proteger a los más débiles, ya sean menores o mayores, es una obligación ya no sólo jurídica, sino también natural de todo ser humano. No olvidemos que cada día es una pequeña vida; y, como tal, hemos de compartirla hermanados. Realmente, ni los abusos ni tampoco los atropellos pueden normalizarse. Cada ciudadano está en la obligación de actuar y ser firme para cambiar el aluvión de injusticias que nos están deshumanizando por completo. Ojalá en este tiempo, de tantos sueños para recomenzar nuevamente, tengamos un instante para deliberar sobre nuestro modo de amar y quererse. Porque el amor es esto: cercanía, clemencia y afecto. Mientras miramos a los Magos que, con los ojos inequívocos en el cielo, rastrean el místico lunar, adentrémonos en nuestro propio océano interno y reencontrémonos. Hallándonos es como uno se puede donar, ponerse en servicio desinteresadamente, hacerse y rehacerse como siervos los unos para los otros, dejando la dominación y el poderío en la isla de la exclusión. Llegamos así al gozo del altruismo, algo innato en todo níveo corazón, como esa luminaria que es visible para todos. Los Magos no siguen los avisos de un código oculto o sectario; más bien observan a un astro que ven brillar en lo inmaculado, no en el egoísmo mundano. Ellos lo perciben desde su humildad; otros, sin embargo, como Herodes y los doctores, ni siquiera se dan cuenta de su aparición. La buena estrella que, en el fondo, todos llevamos consigo, siempre camina con nosotros; es cuestión de abrazar lo celeste, de revolverse contra sí y de volverse poesía. Esto nos demanda un cambio: cultivar la inspiración y ejercitar nuestro tránsito por la tierra como poetas en guardia permanente. Pensemos, además, que los niños son como luceros, nunca hay demasiados; que los jóvenes son como olas, necesitamos de su movimiento para sentirnos vivos; que los mayores son como seres cultivados con sus cátedras vivientes, los persuadimos en su sabiduría para no rebotar en las torpezas. Precisamente por esto, en el pesebre representamos a los Magos con características que abarcan todas las edades y razas, para recordarnos que todos tenemos un sueño que cumplir con rectitud: la de regresar al cielo, lugar donde hallaremos refugio y alegría. Que nadie quede fuera por no hacer ese viaje interior que todos debemos laborar con propósito de enmienda. corcoba@telefonica.net
