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AUSENCIA MUNICIPAL



EDITORIAL


Martes 06 de Enero de 2026 9:13 am


CUIDAR el entorno natural requiere tanto compromiso como presencia constante. Lo ocurrido recientemente en el Ejido Jiliotupa, Ixtlahuacán, donde la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) clausuró una extracción ilegal de balastre en Las Trancas, lleva a reflexionar sobre quién vigila realmente el territorio.

Si bien las leyes ambientales involucran a la Federación, el municipio es el primer eslabón en esta cadena de vigilancia. Es el Ayuntamiento quien otorga las licencias de construcción y quien tiene la capacidad de detectar, de primera mano, cualquier movimiento irregular en su jurisdicción.

Cuando una actividad extractiva de este tipo logra avanzar sin autorización, es porque existe una falta de coordinación. Más allá de ello, lo que preocupa es la ausencia de una mirada preventiva que proteja los recursos naturales antes de que el daño sea irreversible.

Aunque la omisión en la vigilancia no siempre es intencionada, sí tiene un alto costo. La clausura impuesta por las autoridades federales responde a restricciones para salvaguardar el medio ambiente, pero autoridades locales tienen la encomienda de ser un primer filtro en la protección ambiental, misma que no puede depender de denuncias ciudadanas o de intervenciones externas.

El caso en Ixtlahuacán abre un diálogo sobre las capacidades de vigilancia a nivel municipal. Garantizar que el desarrollo y el uso de materiales sigan cauces legales es responsabilidad de todos, y para ello, la gestión del territorio debe ser vista como una prioridad compartida, donde la autoridad municipal no sea solamente un gestor de trámites, sino protector eficiente de la riqueza natural.