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COQUIMATLÁN: EN DEUDA CON LA LEGALIDAD



EDITORIAL


Viernes 09 de Enero de 2026 9:38 am


LA denuncia por el despido de seis trabajadores del Ayuntamiento de Coquimatlán, presuntamente como represalia por la constitución de un nuevo sindicato, vuelve a colocar en el centro del debate una práctica que se creía superada: el uso del poder institucional para inhibir la libertad de organización laboral. Más allá del conflicto puntual, el caso exhibe una preocupante distancia entre el discurso de respeto a los derechos laborales y su aplicación real en el ámbito municipal.

De acuerdo con la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio de Gobierno, Ayuntamientos y Organismos Descentralizados del Estado de Colima, la administración municipal no solo ignoró las notificaciones formales para entablar diálogo, sino que optó por la vía más confrontativa: los despidos y las amenazas.

Particularmente grave resulta el señalamiento sobre el uso de la fuerza pública para desalojar a empleados con entre 15 y 20 años de antigüedad. La intervención policiaca en un conflicto laboral, sin que medie una situación de riesgo, no solo tensiona el ambiente institucional, sino que vulnera derechos humanos básicos y erosiona la confianza ciudadana en las autoridades locales.

El sindicalismo, con sus virtudes y limitaciones, es un derecho constitucional, no una concesión graciosa del poder. Pretender frenarlo mediante despidos o intimidación no solo expone a los gobiernos a consecuencias legales, sino que revela una visión autoritaria incompatible con un estado democrático de derecho.

La intervención del Tribunal de Arbitraje y Escalafón y de la Fiscalía Anticorrupción será clave para determinar responsabilidades. Sin embargo, el daño institucional ya está hecho. Coquimatlán enfrenta hoy una prueba clara: decidir si honra la ley y el diálogo social o si persiste en prácticas que, lejos de resolver conflictos, los profundizan y desgastan a la propia autoridad.