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LETRAS Y NÚMEROS



JOSÉ ÁNGEL BRAMBILA LEAL

Cristeros: 1926-2026


Lunes 12 de Enero de 2026 9:26 am


LAS 250 mil muertes es una cantidad escalofriante, sea cual sea el motivo que las originó y el lugar donde ocurrieron; pero cuando nos adentramos en el porqué de esas muertes, el dolor se acentúa al descubrir que no fueron causadas por un cataclismo de la naturaleza, sino por conflictos derivados de una forma diferente de pensar. Aún es más doloroso saber que se trató de una lucha entre hermanos mexicanos, resultado de cuestiones vinculadas a la fe de uno de los bandos y a la utilización de la fuerza por la otra facción.

El 3 de agosto de 1926, el presidente Plutarco Elías Calles promovió lo que se llamó la Ley Calles, que proponía controlar el culto católico en nuestro país. México vivía momentos de gran tensión. Apenas unos años antes, en noviembre de 1921, en la Antigua Basílica de Guadalupe hubo un atentado con una bomba de dinamita colocada en un florero, presuntamente por un empleado de la Secretaría Particular de la Presidencia, identificado como Luciano Pérez Carpio. El estallido causó daños significativos en la basílica, destrozó candelabros y el altar de mármol, y dobló un Cristo de bronce de 34 kilos; sin embargo, la tilma de Juan Diego, donde se encuentra plasmada la imagen de la Virgen de Guadalupe, no sufrió daño alguno, ni siquiera se rompió el cristal que la cubría, considerándose aquello un milagro.

La medida presidencial hizo crecer un movimiento social que luchaba por los derechos de la libertad de culto en México, radicalizándose la lucha en varios estados: San Luis Potosí, Zacatecas, Aguascalientes, Michoacán, Jalisco, Querétaro, Guanajuato, y, desde luego, Colima, donde figuras como Dionisio Ochoa Santana y su hermano, el muy querido Padre Ochoa (Enrique de Jesús Ochoa Santana), participaron activamente en el movimiento cristero.

En agosto próximo se cumplirá el primer centenario de este importante acontecimiento conocido como La Cristiada, y algunas heridas abiertas durante esas luchas aún no han cicatrizado por completo. Es preciso decir que, a pesar de haber transcurrido 100 años, todavía hay familias que hacen de ese hecho un tema de conversación: unos recriminando el actuar del gobierno, y otros reprobando a los cristeros, dependiendo de dónde pelearon sus familiares.

Las heridas originadas por diferencias políticas o deportivas sanan con facilidad; las originadas por cuestiones religiosas son duraderas y, a veces, inextinguibles. Conforme avance el año, muchas historias desconocidas cobrarán vida propia. Las autoridades deben manejarlas con la sutileza que requiere un hecho trascendente, haciendo conciencia en la población sobre el significado de la tolerancia y el perdón.   

¿Gusta opinar? Lo espero en Las Mentadas.

 jbrambilaleal@yahoo.com.mx