La captura de Maduro no es un precedente para México
DAVID VILLARREAL ADALID
Martes 13 de Enero de 2026 9:51 am
LA operación denominada Determinación Absoluta, que
consistió en la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, ha sacudido la
agenda política regional. Los bombardeos en Caracas, las incursiones en bases
militares y el posterior traslado de Maduro a Nueva York para enfrentar cargos
federales por narcotráfico y tráfico de armas dinamitaron un debate que ha
permeado en México. Este acontecimiento, sin antecedentes en el
hemisferio occidental desde la Guerra Fría, ha provocado dudas sobre la
legitimidad de una intervención, debates sobre la soberanía nacional y la
vigencia del derecho internacional. Naciones Unidas ha denunciado que la acción
viola los principios consagrados en la Carta de la ONU, particularmente la
prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial de un Estado
soberano. Pese a estas críticas, desde Washington se ha
defendido la operación argumentando que se trató de un acto judicial contra un
delincuente acusado de narcoterrorismo y que se espera la eventual aplicación
de un “gobierno de transición” en Venezuela, aunque los detalles de dicho
proceso siguen siendo inciertos. En el plano local, el Tribunal Supremo de
Justicia de Venezuela designó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como
presidenta encargada, un movimiento que evidencia la complejidad institucional
del país tras la captura de Maduro. Frente a esta ola de acontecimientos dramáticos ha
surgido en diversas discusiones públicas la interrogante (y a veces la alarma)
de que un país como México pudiera enfrentar una intervención similar. Este
temor merece ser examinado con precisión: las condiciones que condujeron a la
operación en Venezuela no tienen equivalentes paralelos en México. Primero, la intervención en Venezuela obedeció a un
contexto de crisis institucional de años, caracterizado por una erosión
democrática, acusaciones persistentes de fraude electoral, violaciones
sistemáticas de libertades políticas y una estructura del Estado profundamente
militarizada. Estas circunstancias se utilizaron como argumento por parte de EU
para justificar la acción como parte de su agenda interna contra las drogas,
aunque académicos y expertos han subrayado la cuestionable legitimidad y legalidad
de esto. México, en contraste, posee instituciones
democráticas con mecanismos de alternancia del poder, distintas fuerzas
políticas y controles y equilibrios que, aun con sus deficiencias, funcionan
dentro de un marco jurídico reconocido internacionalmente. La renovación
constante de gobiernos a través de la competencia electoral y el respeto formal
al Estado de Derecho representan barreras políticas que inhiben cualquier
acción que pudiera siquiera asemejarse a una intervención militar desde nuestro
vecino del norte. Nuestro país, además, es un aliado fundamental en
términos de comercio, seguridad y cooperación regional con EU, con más de un
siglo de acuerdos bilaterales y multilaterales que sofistican y estrechan las
relaciones. Cualquier acción militar unilateral contra México no solo carecería
de justificación legal, sino que implicaría elevados costos políticos,
económicos y sociales para todas las partes involucradas. Por último, el caso de Venezuela es fruto de una
combinación (y suma) de factores internos y de dinámicas específicas de su
régimen político y de su relación con EU. La complejidad de esta crisis, que
incluye disputas sobre legitimidad electoral, colapso económico y nulas
instituciones, no encuentra semejanza siquiera lejana con México. Si bien
enfrentamos desafíos serios en distintos ámbitos de nuestra realidad, no
justifica pensar que un Estado extranjero intervendrá en nuestro país.
*Presidente
de la Asociación de Egresadas y Egresados de Economía UCOL
