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La Venezuela y su enclave geoeconómico



ROGELIO SALAZAR BORJAS*


Miércoles 14 de Enero de 2026 9:24 am


LA palabra “Venezuela” proviene de un eufemismo: los europeos, al llegar a la actual República Bolivariana (concretamente al lago de Maracaibo) observaron cómo los lugareños montaban sus viviendas sobre el nivel del agua. Américo Vespucio y Alonso de Ojeda, en su expedición por esas tierras allá por 1499, les recordó a la ciudad italiana de Venecia, bautizando el sitio como “Venezziola” o “pequeña Venecia”, que con el paso de los años se acuñó como “Venezuela”.

Desde hace más de un cuarto de siglo, ese país tuvo un cambio en su vida democrática, desde donde ascendió, a través de un fallido golpe de Estado promovido por el general Hugo Chávez y luego una elección popular, a un estadío dictatorial. De esta forma, el “chavismo” se adoptó como un modelo transitorio de democracia a un régimen populista, en donde la última elección del mandato del presidente Nicolás Maduro se llevó a cabo bajo fuertes señalamientos de fraude electoral, tanto en el interior como en las democracias occidentales.

Durante este cuarto de siglo que lleva este nuevo tipo de gobierno, se expropiaron o estatizaron las empresas privadas existentes en el país, por lo que el modo de producción también cambió, pasando de una economía de libre mercado a una economía planificada o centralizada por el Estado. Esta nueva personalidad alteró el curso de las relaciones económicas en su conjunto. Se expropiaron mil 87 empresas productivas nacionales y extranjeras, 179 edificios, 64 estacionamientos, 43 conjuntos urbanísticos y 523 mil apartamentos y casas de expropiación indirecta (prohibición de desalojo).

Asimismo, 838 fincas productivas y 47 fundos, que en total suman 3.6 millones de hectáreas. Junto con ellas, la plantación de pino Caribe, la más grande del mundo, con 520 mil hectáreas, de las cuales se ha deforestado más del 80 por ciento sin un programa de reforestación, afectando al clima de toda la región caribeña. Se estatizaron todas las universidades públicas y privadas, televisoras nacionales y extranjeras, páginas web, periódicos y el espectro radiofónico en su totalidad.

Y mientras todo esto pasaba, en aras de la idea de que el Estado puede llevar a cabo sus funciones propias y las de la iniciativa privada y cualquier otra que se le acomode, se fueron perdiendo las capacidades propias de una economía de libre mercado en una región donde, precisamente, Venezuela forma parte del Mercosur (Mercado Común del Sur), el equivalente al T-MEC, y donde, debido al tamaño de su economía, Brasil es el líder natural de esa asociación. Aunque los venezolanos también son un miembro muy importante por sus inmensas reservas de petróleo, las más abundantes del planeta.

Así las cosas, los pretextos geopolíticos y, más aún, los geoeconómicos, a través del “oro negro”, se convierten en uno de los motores del intervencionismo estadounidense. Y aunque la situación política no ha cambiado, pues la vicepresidenta de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, sigue en funciones como si su jefe solo se hubiera tomado unas merecidas vacaciones en Nueva York, ya la Unión Americana reclamó su cuota petrolífera por concepto de pleitos y costas, entre 30 y 50 millones de barriles de crudo. En fin, ese “venga por mí cobarde, pero no se tarde, lo espero en Miraflores” salió un poco más caro de lo esperado.

A los lectores del Diario de Colima les deseo un fructífero 2026.

 

*Miembro consultivo del Colegio de Economistas de Colima AC