ALGO MÁS QUE PALABRAS
VÍCTOR CÓRCOBA HERRERO*
Mares y desiertos; Convertidos en vertederos
Martes 20 de Enero de 2026 12:44 pm
TODOS
los cauces van al mar, pero el mar está desbordado de contextos mundanos en sus
fondos marinos. Sólo hay que adentrarse en sus interiores para observarlo y
vivirlo. Tantas veces olvidamos que el lecho marino es un medio viviente, no un
basurero desértico, que demanda el esfuerzo de todos por garantizar la salud de
los ecosistemas oceánicos durante las próximas décadas. Esta situación es
horrorosa, puesto que estamos para dar vida, no para restarla, y la mayor parte
del espacio habitable del planeta se encuentra bajo el agua. Deberíamos, por
consiguiente, activar una ética de gobernanza oceánica inclusiva, para que su
gestión se haga de manera sostenible en beneficio de la humanidad en su
conjunto, de modo que la prosperidad y la protección vayan de la mano. Si para
aprender a meditar no hay como viajar por mar y desiertos, que nos harán
despertar, ya no sólo de nuestro espíritu contaminante, sino también de la
pasividad hacia las rutas migratorias, que, para muchas, demasiadas personas,
son mortales. Ciertamente, la humanidad se ha deshumanizado por completo. De lo
contrario, extenderíamos nuestro abrazo hacia esas gentes que piden auxilio;
como tampoco es natural que no salvaguardemos las aguas internacionales en un
mundo globalizado donde tanto el afecto como el efecto son colectivos. Desde
luego, debe existir un control sobre la actividad en alta mar, como también
debe cohabitar una asistencia humanitaria, al menos para que los mares no se
conviertan en cementerios de migrantes o en simples autopistas para el
comercio. Hoy más
que nunca necesitamos dar vida, donar aliento y acompañar, ante el clamor
injusto que nos lanzamos unos contra otros, como auténticos leones sin corazón.
El egoísmo nos sobrepasa. Por ello, seguro que nos hará bien pensar en ello: en
esos mares y desiertos mortíferos que nos dejan sin palabras. Al igual que hay
que facilitar el refugio a quienes huyen de la guerra, de la violencia, de la
persecución y de tantas calamidades, de igual forma tenemos que tomarnos en
serio el apoyo hacia una contribución vital, para abordar la llamada triple
crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la
contaminación. En consecuencia, dejemos de ser agentes corruptos y pasemos a
ser ciudadanos de bien. Será un buen plan, sin duda. Uno debe
ser responsable de los propios actos, por ejemplo, cuando contamina o no
auxilia a su análogo. Vivimos en la confusión permanente, y todo por no hacer
un alto en el camino para repensar nuestras propias actuaciones vivientes. Nos
hartamos de viajar; y, sin embargo, no tenemos tiempo para explorarnos
internamente. Vengan,
pues, las olas del cambio a hacerse realidad. Ahora es nuestra responsabilidad
colectiva impulsarlas, por la ciudadanía, por nuestro planeta y por las
generaciones futuras. Rehacerse como familia es la verdadera prueba: ¡vivir el
calor de hogar!
