ALGO MÁS QUE PALABRAS
VÍCTOR CÓRCOBA HERRERO*
El modelo competitivo; es un combate absurdo
Miércoles 21 de Enero de 2026 12:45 pm
NO hay
mejor desafío que trabajar por la concordia en un mundo cruel y competitivo,
que todo lo confunde y lo tensiona, para infundirlo de abecedarios agresivos,
que nos llevan a un estado salvaje, impidiéndonos vivir bien y que sean buenos
los tiempos. En efecto, todo parte de nosotros, ya que el orbe es lo que somos
cada cual consigo mismo y con los demás. Por ello, aunque vivimos momentos
complicados, jamás cedamos a la injusticia; tratemos de coordinar acciones,
haciéndolo corazón a corazón. Es cierto que, en el contexto bajo el que nos
movemos, los precios elevados continúan siendo un desafío global, también
cuando se alarga la desinflación, lo que debe hacernos escuchar la voz de los
débiles que, aún hoy, carecen de sintonía en este mundo de supremos egoísmos
terrícolas. Sin
duda, hay que pasar página para reconstruir la confianza entre análogos,
fortalecer la previsibilidad y renovar el compromiso global, con un sistema
multilateral de comercio abierto, cimentado en normas que nos frenen la
avaricia. Estamos aquí para servirnos con honestidad unos de otros, no para
apoderarnos de nadie, ampliando las desigualdades estructurales existentes.
Tanto es así, que las perspectivas por regiones indican discordancia dentro de
la expansión esperada, lo que debe hacernos repensar otro tipo de actuaciones,
en coherencia con nuestra dignidad humana. Únicamente un desarrollo
equilibrado, encaminado hacia el bien común, será auténtico y contribuirá,
incluso a largo plazo, a la estabilidad. El
tiempo es un horizonte de ceremonias que siempre nos advierte y nos da
lecciones, poniéndonos en el lugar que nos merecemos. Avanzamos, pero también
retrocedemos; nuestro error es endiosarnos y no escucharnos mutuamente. La
verdad no la ha conseguido nadie todavía. Tampoco una voz fuerte puede competir
con una voz clara. Al fin, lo trascendente no es el nivel competitivo en
ninguna actividad, sino el espíritu de gratuidad en el sentido noble de este
término, que es lo que nos acrecienta el compartir, avivando la cultura del
encuentro y la fraternidad. Personalmente, reconozco que me animo a mí mismo a
practicar este estilo de manera consciente, oponiéndome a toda forma de
violencia y opresión. Una
sociedad como la actual, que no suele estar fondeada en sólidos valores éticos,
es un consorcio sin futuro; puesto que carece de dirección estética y de cauce
generoso, por mucho que se hable de desarrollo social. No hay elemento más
tétrico que dejarse inundar por el calvario de la deshumanización y de la
inhumanidad manifiesta, lapidándonos el alma de corrupción e impunidad. El
esfuerzo en pos de un verdadero avance comunitario requiere fortalecer los
valores democráticos, el respeto universal de los derechos humanos, inherentes
a todo ciudadano por el mero hecho de ser persona, y un correcto funcionamiento
del Estado de derecho. Combinar el esfuerzo a través de una corporación más
equitativa y atenta a las necesidades de los más débiles es lo que nos
compenetra y reaviva.
