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Derriengue: riesgo en la oscuridad



JUAN AUGUSTO HERNÁNDEZ RIVERA*


Jueves 22 de Enero de 2026 9:31 am


EN la actividad ganadera no todos los problemas se presentan de forma evidente. Algunos llegan lentamente, aprovechan la rutina y se manifiestan cuando el margen de acción ya es reducido. El derriengue es una enfermedad conocida técnicamente como rabia paralítica bovina, cuyo agente causal es un virus neurotrópico de ARN (ácido ribonucleico), perteneciente a la familia Rhabdoviridae, específicamente al género Lyssavirus, y representa uno de esos riesgos que suelen pasar inadvertidos hasta que un animal comienza a mostrar signos neurológicos graves. Comprender cómo se origina y por qué persiste es clave para dimensionar su importancia y actuar a tiempo.

Por otro lado, la rabia es una enfermedad viral que afecta el sistema nervioso y cuya evolución clínica, una vez iniciada, suele ser fatal. En el ganado bovino se expresa con debilidad progresiva, incoordinación y parálisis del tren posterior, síntomas que con frecuencia se confunden con lesiones físicas o deficiencias nutricionales. Esta confusión retrasa la atención y favorece pérdidas económicas que van más allá de la muerte del animal, impactando la productividad y la sanidad del hato.

En regiones tropicales y subtropicales del país, la principal vía de transmisión ocurre durante la noche. En México existen murciélagos hematófagos (Diphylla ecaudata, Diaemus youngi y Desmodus rotundus), de hábitos nocturnos, que se alimentan de sangre a través de mordeduras pequeñas, difíciles de detectar, gracias a sustancias anestésicas presentes en su saliva. Cuando el murciélago porta el virus de la rabia, la infección se transmite al bovino y comienza un proceso lento de diseminación por el sistema nervioso hasta alcanzar el sistema nervioso central, donde el daño ya es irreversible.

Las evidencias disponibles permiten dimensionar el problema. En México se ha estimado que, en años críticos, la rabia paralítica bovina ha provocado pérdidas de miles de millones de pesos, no solo por mortalidad directa, sino por efectos indirectos como disminución en la producción de leche, pérdida de peso, infecciones secundarias en las heridas y deterioro del cuero. Se ha documentado que las mordeduras frecuentes de murciélagos pueden causar demasiado estrés en las vacas, reducir la producción anual de leche y afectar significativamente la ganancia de peso, aun cuando no exista transmisión del virus.

Durante décadas, el enfoque se centró en el control directo de murciélagos, con resultados variables y efectos colaterales sobre el equilibrio ecológico. Hoy existe consenso en que la erradicación total del problema no es viable. La evidencia científica muestra que la medida más efectiva y rentable sigue siendo la prevención, particularmente mediante la vacunación sistemática del ganado y la vigilancia permanente de signos neurológicos compatibles con la enfermedad.

Vacunar periódicamente a los bovinos considerando edades tempranas, revisar con regularidad la presencia de mordeduras, observar cambios en la movilidad o el comportamiento, así como reportar oportunamente casos sospechosos, son acciones simples, pero determinantes. La experiencia demuestra que prevenir siempre resulta menos costoso que enfrentar las consecuencias de una enfermedad establecida.

El derriengue recuerda que la sanidad animal no solo se cuida a plena luz del día. Muchas decisiones que protegen la productividad del rancho se toman antes de que caiga la noche. Anticiparse, observar y prevenir sigue siendo la estrategia más sólida para proteger al ganado y asegurar la continuidad del trabajo en el campo.

 

*Profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de Colima