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RAZONES



JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

2026 como 1990: nuevo orden mundial


Jueves 22 de Enero de 2026 9:36 am


DICEN que la ambigüedad es el mayor enemigo de la eficiencia. Y en México, en un momento de transformación, de ruptura del orden geopolítico internacional, en medio de un proceso que nos afecta de forma directa, navegamos en un mar de ambigüedades.

La reunión del Foro Económico de Davos de este año se ha convertido en el espacio donde se están planteando los principios que redefinen el mundo global, la geopolítica del presente y del futuro.

Todos los grandes países del mundo han enviado representantes a Davos, muchos de ellos encabezados por sus propios mandatarios. Ayer, el discurso de Donald Trump fue seguido con enorme expectativa, al igual que las intervenciones de mandatarios europeos y del canadiense Mark Carney el día anterior. No se trata de Groenlandia, sino de la redefinición de las relaciones globales.

Estamos ante un parteaguas histórico similar al que se vivió en 1989 con la caída del Muro de Berlín. Es hora de tomar definiciones, porque el mundo cambió; no es una transición, es una ruptura. En México no lo entendemos así: a Davos no fue la presidenta Sheinbaum ni el canciller De la Fuente, tampoco el secretario de Economía Marcelo Ebrard. El gobierno envió a Altagracia Gómez, que en realidad no tiene un cargo oficial, y a la secretaria del Medio Ambiente, Alicia Bárcena, alejadísimas ambas de la agenda del foro. Nuestra capacidad de relación e interlocución se exhibe así cada día más disminuida.

Hay que tomar enseñanzas del pasado. Este Davos del 2026 es lo más parecido al de 1990, inmediatamente después de la caída del Muro de Berlín.

El TLC se convirtió en realidad cuatro años después, el 1 de enero de 1994 (los acuerdos habían concluido mucho antes, pero la sorpresiva derrota de Bush a manos de Bill Clinton obligó a un año más de negociaciones), y la globalización era ya un hecho para entonces. La economía mundial (y la nuestra) en estos 36 años se transformó como nunca antes en la historia de la humanidad, y surgió, junto con EU, una nueva potencia económica mundial, China, y varias otras emergentes, desde Corea del Sur hasta Singapur. Todo el escenario económico mundial se modificó.

México debe actuar como se hizo en 1990. Sacar adelante el TLC fue una tarea titánica que tuvo que superar enormes presiones internas y externas. Los mayores opositores en el país fueron las fuerzas del PRD y muchos, incluyendo a López Obrador y la presidenta Sheinbaum, que ahora encabezan Morena. Pero 36 años después nadie, incluyendo los gobiernos de Morena, discute o niega la importancia crucial del tratado de libre comercio, y su renegociación durante este año es un objetivo central para el futuro de la administración Sheinbaum.

Hoy se debe dejar de lado la ambigüedad y tomar decisiones: la única opción realista que tiene México es fortalecer la relación con EU en América del Norte, asumiendo la nueva política hemisférica de la Unión Americana, que trascenderá la administración Trump. Hay que huir del doble discurso que solo le genera costos al país y al gobierno: por una parte, de estrecha colaboración con EU, por la otra, de un nacionalismo “old fashion” para defender lo que ya no se puede defender: a cómplices y colaboradores del crimen organizado en el sexenio pasado.