EL CENTINELA DEL AUTISMO
VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ
Todos iguales… pero unos más incluidos que otros
Viernes 23 de Enero de 2026 9:20 am
GEORGE Orwell escribió en
Rebelión en la granja la célebre
frase: “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que
otros”. Era una crítica al poder que, en nombre de la igualdad, termina
construyendo nuevos privilegios. Cada vez que pienso en discapacidad y autismo
en Colima, esa frase me persigue. En el discurso oficial,
todas las personas tienen derechos. En los informes, las publicaciones y las
fotos, la inclusión está de moda. Pero, en la práctica, seguimos viviendo en
una granja donde hay quienes dan discursos sobre igualdad… mientras dejan a las
personas con discapacidad fuera de la escuela, del empleo, de la ciudad y de
las decisiones. En la novela, los
animales expulsan al granjero para ser libres, pero pronto los cerdos copian
sus mismas conductas. Algo parecido pasa cuando se habla de discapacidad solo
el 3 de diciembre, “Día Internacional de la Discapacidad”, o el 2 de abril,
“Día Mundial del Autismo”: se promete accesibilidad, apoyos y respeto, pero al
día siguiente la rampa sigue rota, el transporte no llega, los ajustes
razonables “no son posibles” y los lugares de discapacidad se usan para “cinco
minutitos”. Desde Fundación TATO lo
vivimos de cerca: leyes que suenan muy bien, reglamentos que tardan años en
aplicarse, comités que dejan de sesionar, presupuestos que no alcanzan ni para
lo básico. Sobre el papel todos somos prioridad; en la realidad, seguimos a la
intemperie. Nos repiten que “son un
gobierno humanista”, “un municipio incluyente”, “una empresa responsable”, pero
cuando una familia busca diagnóstico para su hijo con autismo se topa con
listas de espera, costos inalcanzables o profesionales sin formación. Todos iguales
en el discurso, pero unos con acceso real y otros solo con derechos impresos en
la ley. Lo más doloroso es cuando
la lógica de la granja se cuela también en la propia sociedad: asociaciones
compitiendo entre sí por migajas de presupuesto, instituciones peleando por
quién se toma la foto, funcionarios que creen que la discapacidad es solo un
escenario para su imagen. Mientras tanto, las familias siguen preguntándose
cómo pagar la terapia de este mes o qué pasará con su hijo cuando ellas ya no
estén. Si algo nos enseña Orwell
es que la verdadera revolución no se da cuando se cambia de amo, sino cuando se
cambian las reglas. En discapacidad, la regla debería ser simple: nada sobre
nosotros sin nosotros. Que las personas con discapacidad y sus familias estén
en la mesa donde se decide el presupuesto, los programas y las prioridades. Que
no seamos figurantes, sino protagonistas. No necesitamos una
“revolución” que solo cambie los eslóganes. Necesitamos una transformación
donde la igualdad deje de ser consigna y se vuelva práctica diaria: en la
escuela que adapta, en la empresa que contrata, en el gobierno que escucha, en
la sociedad que deja de ver “casos” y empieza a ver personas. La pregunta que nos
deberíamos estar haciendo es: ¿realmente estamos construyendo inclusión real o
solo pintando de otro color los mismos muros de siempre? Si, después de tantos
planes, foros y fotos, seguimos con escuelas que excluyen, empresas que se lavan
la cara con campañas y gobiernos que solo recuerdan la discapacidad cuando hay
micrófonos, entonces la farsa es nuestra, no del sistema: el sistema somos
nosotros. Y si aceptamos seguir viviendo así, no solo estaremos tolerando que
haya personas “menos iguales”, estaremos firmando (con un silencio muy apático)
que así queremos que siga siendo. Recuerda que la
indiferencia es muy cómoda hasta que nos toca.
*Director ejecutivo de Fundación Mexicana de
Autismo TATO
