PUNTO CENIT
MAYRA EDITH MARTÍNEZ
Solidaridad: un escudo en la prevención del delito
Viernes 23 de Enero de 2026 9:17 am
EN un lugar de Colima, de
cuyo nombre no puedo acordarme, había un joven con un carrito lleno no solo de
paletas artesanales de mango, fresa y tamarindo, sino también de sueños y
esperanzas. Mientras lo observaba
elegir su producto y entregarlo con una sonrisa modesta, un pensamiento vino a
mi mente: ¿Qué historia habrá detrás de este joven que está vendiendo sus
paletas? Intrigada por este pensamiento, me acerqué a él. Al mirarme, me dijo:
“¿Qué sabor prefiere?”. “Tamarindo”, le dije. Mientras me la entregaba, le
pregunté: “¿Tú las produces o las vendes?”. “Entre mi mamá y yo las hacemos,
luego yo salgo a venderlas. Hay que llevar algo a la casa; mis tres hermanos
comen mucho”. Me reí con él y
nuevamente le pregunté: “¿Y sigues estudiando o solo trabajas?”. “Fíjese que
sí, estoy por salir del bachillerato y quiero estudiar medicina”. “¡Wow! Me
pareces genial”, le contesté. “Por cierto, qué ricas están estas paletas”. Complacido
por mi comentario, me dijo: “Qué bueno que le gustaron. Son 20 pesos”. Le
extendí el billete y, al tratar de darme cambio, le dije: “Así está bien”. Me contestó:
“Pero le sobra mucho”. “No importa, considéralo una aportación para el futuro
doctor. Yo creo en ti, y sé que lo harás muy bien”. Sus ojos se llenaron de
lágrimas y, conteniendo el llanto, me dio las gracias. Y con esta historia, que
fue real, te invito a reflexionar: en muchos foros en los que he estado, la
gente se acerca a mí y me pregunta: “Maestra Mayra, ¿qué puedo hacer para
construir paz en nuestra ciudad?”. Y les respondo: “Practica la solidaridad”.
“¿Cómo?”. Apoya a los emprendedores. Porque cuando apoyamos a
un emprendedor como este chico, no solo estamos comprando un producto. Estamos
invirtiendo en dignidad, esperanza y legalidad. Para este joven emprendedor, el
apoyo pudo haber sido capital de trabajo para comprar más fruta, quizás una
mejora a su carrito, o simplemente el sustento del día. Psicológicamente, es un
reforzador positivo: le confirma que el camino del esfuerzo legal vale la pena,
que la comunidad lo ve, lo valora y lo reconoce. Frente a las sombras
seductoras de la ilegalidad, que a menudo prometen ganancias rápidas a costa de
la integridad y la paz de nuestros jóvenes, el chico del carrito de paletas
representa el esfuerzo digno, el deseo genuino de “llevar dinero a casa” sin hacer
daño a otros. Desde la perspectiva de
la seguridad pública, el emprendimiento es una de las estrategias de prevención
social del delito de raíz, especialmente para los jóvenes en contextos de
vulnerabilidad, donde la falta de oportunidades económicas es el caldo de cultivo
más fértil para la delincuencia. Pensemos por un momento:
un joven emprendedor que ve viable su proyecto, que se siente productivo y que
ve recompensado su esfuerzo, construye un antídoto interno contra la
desesperanza y la tentación de los atajos fáciles pero destructivos. Pero, para poder impulsar
un cambio profundo, necesitamos comprometernos todos y todas: las instancias de
gobierno, la iniciativa privada y la sociedad. Por ejemplo: 1. Garantizar trámites
claros y accesibles que permitan formalizar estos negocios. 2. Programas de
financiamiento con condiciones justas que les permitan crecer. 3. Facilitarles espacios
seguros y dignos donde puedan operar, procurando su integración al comercio
local formal. 4. Brindarles
capacitación con herramientas básicas para aumentar sus probabilidades de éxito
sostenible. De esta manera, estaremos
construyendo un mejor Colima para todos y todas. Desde Punto Cenit, quiero
invitarte a que cada vez que veas un puesto de algún joven emprendedor (vendiendo
tamales, paletas o algún artesano ofreciendo sus creaciones), lo apoyes con tu
consumo, le preguntes su nombre, le desees un buen día y le regales una palabra
positiva. Quizás estés haciendo la diferencia en la vida de esa persona,
convirtiéndote en un constructor de paz.
*Directora del Instituto Municipal para la Paz
Intrafamiliar
