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ESTACIÓN ESPERANZA



VLADIMIR PARRA BARRAGÁN

SOBERANÍA, DIGNIDAD Y LA REVOLUCIÓN DE LAS CONCIENCIAS


Lunes 26 de Enero de 2026 10:28 am


LA soberanía no es una consigna. En su sentido más profundo, es la capacidad real de un pueblo para decidir su destino sin imposiciones externas, sin chantajes económicos y sin tutelajes disfrazados de cooperación. Hoy, cuando el mundo atraviesa una etapa de alta tensión geopolítica y retrocesos democráticos, hablar de soberanía no es un acto retórico: es una responsabilidad histórica.
En semanas recientes hemos sido testigos de una escalada discursiva y política desde sectores del poder estadounidense que revive una tentación conocida: la intervención. Amenazas abiertas y veladas, presiones comerciales y narrativas de criminalización reaparecen con fuerza, impulsadas por una visión neoliberal que, cuando pierde legitimidad interna, busca cohesión mediante el miedo y la confrontación externa.
No es un fenómeno aislado. Estados Unidos vive una crisis profunda de cohesión social, de credibilidad democrática y de autoridad moral. El avance del racismo institucional, la persecución de personas migrantes, la regresión en derechos de las mujeres y la normalización de la violencia estatal forman parte de un mismo cuadro: un modelo incapaz de ofrecer bienestar que opta por imponer orden a través de la fuerza.
Frente a ese escenario, México ha optado por un camino distinto. Un camino sin estridencias, pero con firmeza. La postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara: cooperación sí, subordinación no. Diálogo sí, renuncia a la dignidad nacional jamás. Esa claridad representa una ruptura con décadas de una diplomacia sumisa que confundió cercanía con obediencia.
A diferencia de otros momentos, México hoy no responde desde la debilidad estructural. La recuperación del papel del Estado en sectores estratégicos, la soberanía energética y alimentaria, el fortalecimiento del mercado interno y el fomento del autoconsumo han reducido dependencias históricas. No se trata de aislarnos, sino de relacionarnos desde la dignidad.
Mientras Estados Unidos se aísla con políticas arancelarias erráticas, México se consolida como un socio estable. Incluso frente a los amagues, el intercambio comercial se mantiene. Gobernar desde la planeación genera resultados; desde la amenaza genera fracturas.
Pero la soberanía no se sostiene solo desde el Estado, sino desde el pueblo. Lo que vivimos es una revolución de las conciencias: un proceso que no se decreta ni se impone, que surge de la reflexión colectiva y de la dignidad recuperada. Hoy vemos a un pueblo más informado, crítico y organizado, capaz de identificar viejas narrativas de intervención y de comprender que la violencia tiene raíces estructurales compartidas.
En ese contexto, la Jornada Nacional en Defensa de la Soberanía, realizada este domingo desde Villa de Álvarez, fue una expresión cívica y ética de alto contenido político. Defender a México es defender la autodeterminación, la paz y los derechos humanos.
La historia ya nos está mirando. Y esta vez, México responde desde la conciencia, no desde el miedo. La revolución de las conciencias está en marcha, junto con la defensa irrenunciable de nuestra soberanía y dignidad.