Autocracia vs democracia participativa
ROSA EVELIA VILLARRUEL FIGUEROA
Martes 27 de Enero de 2026 10:07 am
MÁS de 80 años vivimos en un
sistema autocrático en el cual se concentró todo el poder en un solo partido,
solo cambiando las personas que lo ostentaban, y cuyo resultado fue haber
llevado al país a una desgracia profunda, padecida principalmente por las
grandes mayorías. Según un diccionario digital,
una definición de autocracia es: “un sistema de gobierno en el que el poder se
concentra en una sola persona o un pequeño grupo. En este tipo de régimen, el
líder o la élite dominante ejerce una autoridad casi absoluta, sin estar sujeta
a límites legales o restricciones impuestas por instituciones democráticas”. Y
como la experiencia lo reporta, en la actualidad, con sus escasas excepciones,
estamos en un déjà vu, con muy pocas esperanzas de cambiar esta realidad. Varias son las
características que definen la autocracia: como ya se comentó, el control
absoluto del o la líder en las decisiones políticas y administrativas. No hay
elecciones libres y justas; la participación política está altamente limitada
para la ciudadanía en general; los hilos se manejan entre un número reducido de
personas cercanas al líder. El control de los medios de comunicación se regula
desde el sistema de gobierno en turno, por lo que no existe una información
objetiva, sino sesgada hacia un solo lado. La libre expresión es reprimida y a
quienes se oponen o disienten se les persigue, censura y hasta silencia. El
estado de derecho no existe para las mayorías. A estas características de la
autocracia se suman otros términos que son aplicados dependiendo del país;
también de la percepción o significado que cada quien les otorga, según su
vivencia personal. Estos son: la dictadura, donde el poder es vertical y su
medio de control principal es la represión; la monarquía, donde el poder se
otorga por herencia al amparo de un derecho concebido como divino; y otros como
el totalitarismo o el autoritarismo. Entendemos por una democracia
participativa la manera en que la ciudadanía, libremente, sin coerciones,
consciente y responsablemente, toma decisiones en beneficio de las mayorías. Es
proactiva en todo lo relacionado con el quehacer público; no espera y propone
acciones que son tomadas en cuenta previo análisis de su conveniencia. Funciona apoyándose en varios
mecanismos como: referendos, donde la población vota directamente sobre una
propuesta de ley; plebiscitos, en los que se consulta a la ciudadanía sobre
temas importantes que la involucran directa o indirectamente; iniciativas
populares, mediante las cuales las personas pueden proponer leyes; asambleas
ciudadanas o cabildos abiertos, espacios de deliberación popular y directa;
presupuestos participativos, donde las personas deciden cómo se usa parte del
dinero público; y consultas populares, para conocer la opinión ciudadana antes
de tomar decisiones. Para ejercer y demandar una
democracia participativa, la ciudadanía tendría que estar bien informada de
todo el acontecer público mediante una educación cívica promovida por los
mismos partidos, si estos no fueran los mismos que la detienen, pues la conveniencia
de permanencia en el poder es más fuerte que el espíritu de compartir.
Todos los programas de
formación política que implementan los institutos políticos van dirigidos a sus
correligionarios, pero, aun así, nunca sobre temas que impliquen una apertura
de conciencia hacia las libertades sociales y políticas. La centralización del
poder ha sido el arma más poderosa con la que garantizan mantener una hegemonía
de partido y, como se visualiza el panorama en estos momentos, el riesgo de
otras décadas con un partido de Estado es grande. Aun así, la utopía está.
