La administración pública que propone Alfonso Ramírez Cuéllar
DAVID VILLARREAL ADALID
Martes 27 de Enero de 2026 10:05 am
TUVE
la oportunidad de asistir al conversatorio sobre el nuevo modelo de
administración pública en el INAP y salí con una clara impresión: lo que se
discute no es un cambio menor o superficial. En
este espacio, el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar expuso con claridad
el objetivo de largo alcance: la expedición de una Ley General de la
Administración Pública que contemple profesionalización, coordinación
intergubernamental, capacidad estatal y transparencia. Se trata de una
intervención en las entrañas del funcionamiento del Estado, donde hoy se
acumulan inercias y pérdida de continuidad técnica. La
idea más relevante (y quizá la más disruptiva) es trascender el modelo vigente
del servicio profesional de carrera, donde se reparten puestos, para transitar
hacia un esquema de cuerpos profesionales, con identidad institucional,
estabilidad y movilidad funcional. Es decir, construir un aparato público que
no se reconstruya cada tres o seis años, que no dependa de la improvisación ni
del nepotismo, y que proteja su desempeño de injerencias político-partidistas. Este
punto es fundamental porque, aunque a veces se piense lo contrario, la
administración pública no es un asunto interno del gobierno, sino un componente
estructural de la economía. Un Estado que trabaja con baja capacidad es uno que
encarece el país. Lo encarece en el tiempo que tarda la resolución de trámites,
cuando no coordina órdenes de gobierno, cuando se duplican funciones, cuando se
ejecuta gasto sin evaluarlo, cuando se diseñan programas intrascendentes,
cuando no hay reglas claras para los agentes de la economía. La
propuesta plantea también principios obligatorios de coordinación horizontal y
vertical entre la Federación, estados y municipios, alineando planeación,
presupuesto y evaluación. En México, esto es especialmente relevante porque
buena parte de las ineficiencias públicas viene de la desarticulación. Algo se
plantea en un nivel, se gasta en otro y se evalúa (si se evalúa) en uno más. El
resultado es un Estado activo pero estático. Otro
componente que apareció con fuerza en el foro fue el de la mejora regulatoria y
la transformación digital. Se habló de la interoperabilidad de datos, uso de
evidencia y experiencia ciudadana, y el fortalecimiento de la Agencia de
Transformación Digital como instancia coordinadora del rediseño de trámites y
servicios. En ese sentido, la digitalización tiene que ir más allá de hacer
trámites en línea; implica, más bien, rediseñar procesos que promuevan
simplicidad, medición y verificación. Si esto se respalda con suficiente rigor,
reduciría costos de cumplimiento, tiempos muertos y discrecionalidad, tres
factores inversamente relacionados con productividad y competitividad. Por
eso, lo que está en juego con esta iniciativa no es solamente una nueva ley, es
el intento de convertir a la administración pública en un activo económico. Si
el Estado logra profesionalizarse, coordinarse y ejecutar con continuidad, el
impacto se sentiría donde realmente importa: en la calidad del gasto, en la
reducción de la incertidumbre y en la capacidad del país para sostener
políticas públicas que den resultados.
*Presidente de la Asociación de Egresadas y
Egresados de Economía UCOL
