ALGO MÁS QUE PALABRAS
VÍCTOR CÓRCOBA HERRERO*
Temperar el mundo; deber de cuidado
Jueves 29 de Enero de 2026 9:29 am
EN este momento, en el que proliferan multitud de angustias
e incertidumbres, nos toca poner calma y acoger el don de la esperanza en
nuestro vivir existencial. Estos síntomas de desorden revelan una enfermedad
social en un mundo globalizado que demanda el deber de consideración, sobre
todo hacia aquellos seres más indefensos, entre los que están los niños, a los
que hay que proteger contra el maltrato, la explotación y la trata de personas,
al igual que a nuestros mayores, que, teniendo en cuenta que superarán en
número a los menores de dieciocho años muy pronto, deben contar con políticas
que garanticen un acceso equitativo a las prestaciones de jubilación, abordando
las necesidades sanitarias específicas de cada sexo y reforzando los sistemas
de apoyo social para aliviar la carga de las atenciones. Debemos entrar en sanación con todo, también con la
naturaleza y la economía. En este sentido, la diversidad biológica es crucial
para la salud humana, el suministro de alimentos, el transporte y las
actividades económicas que generan empleo, como la pesca y el turismo.
Evidentemente, los humedales son vitales para la supervivencia y para nuestro
clima, proporcionando servicios ecosistémicos esenciales, como la regulación
del agua, incluyendo el control de las inundaciones y la purificación del agua.
El fruto de un crecimiento económico ilícito, en parte, se
debe a que se prescinde de los valores humanos fundamentales, ocasionando
afluencia de daños infringidos a la casa común. ¡Es una inmoralidad que clama
al cielo! Ante esta grave situación dominadora, tampoco podemos quedar
indiferentes. El degradado ambiental de querer poseer y subyugar la naturaleza
es cruel. Cada pueblo puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita
para su estabilidad vivencial, pero también tiene la obligación de protegerla y
ampararla. No podemos deshumanizarnos: somos seres sociales, creativos y
solidarios, con una inmensa capacidad de amar. El amor todo lo alcanza y
percibe. Ahí radica la sanación: en activar la valía y no el dinero como valor,
pues todo lo mercantiliza. Desde luego, no somos seres adoquinados; entonces,
realmente podremos inspirar ilusión para regenerar una atmósfera más sana y
justa. Algunos dirán que, como individuos, no podemos hacer mucho. Sin duda, no hay mejor cuidado que cuidarse de la ambición,
ya que únicamente quien sabe custodiarse a sí mismo sabe quererse y sabe velar
por lo ajeno como si fuese propio. En efecto, nuestro tránsito por aquí abajo
es dar vida, como un derecho natural que es; no la muerte, que debe ser
acogida, nunca suministrada. Preservar la fragilidad de los entornos y de las
gentes significa batallar y hacerse cargo, defendiendo la identidad de toda
pulsación viviente ante tantas violaciones y violencias que nos sobrecogen en
cualquier esquina. Así las cosas, y deseando avivar una sanación celeste,
tenemos que comenzar por aprender a reprendernos, cada cual consigo mismo,
haciendo todo lo posible por mantener una actitud valiente y promoviendo
espacios de diálogo para atendernos y entendernos.
