Colima en alerta de salud: el retroceso en sarampión.
BETZAIDA PINZÓN CARRETO*
Jueves 29 de Enero de 2026 9:28 am
DURANTE años nos
repitieron que el sarampión era una página cerrada en la historia de la salud
pública. Una enfermedad superada, controlada, vencida. En 2016, la Organización
Panamericana de la Salud declaró a México libre de sarampión, y el país respiró
con alivio. Hoy, esa tranquilidad se ha roto. Y Colima aparece, de forma
alarmante, en el centro de una realidad que nadie quiso mirar a tiempo. De acuerdo con la
Organización Mundial de la Salud, el sarampión sigue siendo una de las
principales causas de muerte en niñas y niños en el mundo. Es una enfermedad
extremadamente contagiosa, provocada por un virus que no distingue edades ni
condiciones sociales. Se transmite por gotitas invisibles que salen de la nariz
y la boca al hablar, toser o estornudar. Basta el aire, basta el contacto
cercano. Puede afectar incluso a personas adultas que nunca lo padecieron en la
infancia. México enfrenta hoy un
brote activo y en expansión. Al 25 de enero de 2026, la Secretaría de Salud
Federal reporta 7 mil 417 casos confirmados y 26 defunciones asociadas. Los
números aumentan, los reportes se multiplican y la evidencia es clara: el virus
circula, se propaga y encuentra terreno fértil donde la prevención falló. La población más
afectada es también la más vulnerable. Las infancias concentran el mayor
impacto, particularmente los menores de un año, con la tasa de incidencia más
alta. Detrás de cada cifra hay esquemas de vacunación incompletos,
interrupciones en campañas que antes eran constantes y un sistema que dejó de
llegar a tiempo. Colima vive su propia
alerta. Con 66 casos confirmados acumulados en el periodo 2025-2026, el estado
ocupa ya el segundo lugar nacional en incidencia por cada 100 mil habitantes,
solo después de Jalisco. La tasa está por encima del promedio nacional, y la
vigilancia epidemiológica se ha intensificado, especialmente por la cercanía
con una de las entidades más afectadas del país. Las autoridades
sanitarias insisten, con razón, en que la única manera de evitar el sarampión
es la vacunación. Se puede aplicar desde los seis meses de edad. El llamado
está hecho. Lo que no está claro es por qué se llegó a este punto. Mientras las
cifras crecen, la explicación oficial es escasa y el mensaje parece minimizar
un problema que ya dejó de ser menor. El presupuesto federal
de 2025 incluyó una reducción real de alrededor de 1.27 mil millones de pesos
para el programa de vacunación infantil y adolescente. Menos recursos para
prevenir enfermedades como sarampión, tuberculosis, difteria, tosferina, influenza
o polio no es un dato técnico: es una decisión con consecuencias. Hoy, esas
consecuencias se reflejan en brotes, alertas y hospitales en tensión. Colima enfrenta una
enfermedad que se consideraba erradicada desde hace casi tres décadas. México
podría perder su estatus como país libre de sarampión. Y cuando la salud
pública retrocede, no hay discurso que lo justifique. Alzar la voz no es
exagerar: es prevenir. Señalar lo que ocurre no es politizar la salud, porque
cuando se trata de salvar la vida de las personas, el silencio nunca es opción.
Hablar con responsabilidad, exigir prevención y recordar la importancia de la
vacunación es una obligación de quienes creemos en el valor de la vida y en el
deber de ser voz cuando otros no pueden ser escuchados. Porque cuando la
prevención falla, quienes pagan el precio son siempre los mismos: nuestras
niñas y nuestros niños.
*Diputada
Local y Secretaria General del PRI Colima
