RAZONES
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
La masacre por el huachicol
Jueves 29 de Enero de 2026 9:29 am
LA masacre de Salamanca,
Guanajuato, el fin de semana, donde fueron asesinadas 12 personas mientras se
disputaba un juego de futbol, no es una casualidad. Guanajuato no sufre, como
dicen algunos de la 4T, tanta violencia simplemente porque lo gobierna el PAN.
Guanajuato es uno de los principales escenarios de la guerra de los cárteles,
pero no por las drogas, sino por el robo de combustible, por el huachicol. El robo de combustible,
a niveles alarmantes, comenzó durante el sexenio de Peña Nieto, pero adquirió
dimensiones mayores en el de López Obrador, cuando se nos decía una y otra vez
que ese delito se había acabado. Nada más lejano de la realidad: no sólo no se
acabó, sino que se potenció y, además del robo de combustible, se sumó el
contrabando organizado de forma sistemática, en contubernio entre criminales y
funcionarios. La violencia en Guanajuato no se comprende sin asumir esa
realidad y la magnitud del negocio, que especialistas estiman en unos 107 mil
millones de dólares al año. Hay puntos centrales en
esta lucha en Guanajuato desde hace mucho tiempo: Salamanca, donde se encuentra
la refinería y a donde llegan y salen ductos hacia el resto del país; la ciudad
de Irapuato, muy cerca de allí y la principal desde donde operan estos grupos;
y Villagrán, el feudo del cártel de Santa Rosa de Lima, que encabeza, aún desde
la cárcel, José Antonio Yépez Ortiz, El
Marro. Incluso El Marro es uno
de los pocos delincuentes que no ha sido enviado a EU, pero lo cierto es que
sigue operando desde la cárcel de Durango; segundo, que ese cártel estableció
una enorme operación para ganarse el apoyo social en toda la zona de Villagrán,
una protección social que le permitió operar con mucha impunidad; y tercero,
que recurrieron al cártel de Sinaloa, que los apoyó con recursos, armas y
sicarios, una alianza que El Marro, desde la cárcel, ha ampliado al cártel del
Golfo. La masacre nos recuerda
que el negocio del huachicol sigue vivo: ni el robo de combustible ni el
contrabando se han roto, el mercado todavía consume muchas gasolinas ilegales.
El huachicol, en todas sus vertientes, junto con la migración y el fentanilo, son
los grandes proveedores de recursos para el crimen organizado y, en la medida
en que se toman acciones más duras contra migración y drogas, mayor importancia
adquiere para los grupos criminales. Es parte de la exigencia de la Casa Blanca
respecto a romper redes de corrupción y complicidad. Las denuncias
presentadas en EU involucran sobre todo al Cártel Jalisco Nueva Generación, que
es el responsable de aproximadamente el 85 por ciento del combustible robado,
utilizando incluso túneles para acceder a los ductos, pero participan también
otras organizaciones criminales, como el de Santa Rosa de Lima. El petróleo robado se
vende a precio reducido a refinerías, distribuidores o corredores
internacionales. Y, según las investigaciones del Departamento del Tesoro, ese
crudo obtenido en forma ilegal ha llegado a los mercados globales, vendiéndose
en India, China, Japón y regiones de África. El camino inverso es el
que sigue el huachicol fiscal, que representa un 30 por ciento de todo este
negocio. En el huachicol fiscal se evita el pago de impuestos al ingresar
hidrocarburos al país con documentos falsificados o con fracciones arancelarias
incorrectas. Por ejemplo, se importa diésel, pero se declara como lubricantes
para evadir el pago del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. También
incluye la subdeclaración de volúmenes importados y la venta de combustibles a
precios por debajo del mercado, afectando a empresas legales y a la recaudación
fiscal.
Estamos hablando de un
negocio de cientos de miles de millones de pesos que no se puede realizar sin
amplias redes de protección y complicidad. Por eso las masacres.
