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Muchas, muchas gracias



MARÍA EUGENIA GONZÁLEZ PEREYRA


Viernes 30 de Enero de 2026 9:28 am


HAY una canción que dice que cuando un amigo se va, algo se rompe en el alma. Pero pocas veces nos detenemos a hacer un homenaje profundo a quienes llegaron a nuestra vida y se quedaron. Celebrar ese momento exacto en que alguien se volvió indispensable merece un ¡qué bueno que llegaste a mi vida! Eso es algo que sí deberíamos poder decir más seguido, porque la gratitud por quienes permanecen merece ser nombrada.

La palabra amigo encierra un misterio sagrado: es un acompañante de amor, de compasión, de reflexión que va mucho más allá de lo cotidiano, de lo divertido, de los detalles incluso. Un amigo verdadero es esa persona que sabe estar cuando más difícil nos las ponen, cuando el mundo se vuelve hostil y necesitamos un refugio donde el alma pueda descansar.

Bien se dice que los amigos se conocen en la cárcel y los hospitales, pero yo diría que también en los conflictos, en esas crisis que desnudan el alma. Ahí se revela quiénes están dispuestos a quedarse y quiénes verdaderamente gozan con nuestros triunfos, porque hay muchos que se dicen amigos pero encierran envidias que los alejan de ser buenos compañeros de camino.

La vida nos cruza con ciertas personas precisamente para eso: para que en algún punto crucial demos o recibamos ese abrazo que nos impide caer al abismo.

He tenido la suerte de conocer a muchas personas y a su gran mayoría le he entregado mi corazón. Muy pocos me lo han roto, y por eso estoy profundamente agradecida. Puedo decir que tengo amigos que son ángeles, que son refugio, que son sostén. Ellos saben quiénes son. Ellos saben lo valientes y comprometidos que han sido cuando todo parecía perdido.

Muchos tendrán conocidos que a la hora de enfrentar la tormenta ponen pretextos, corren para salvarse a sí mismos y dejan el barco vacío y desolado. Por todos aquellos que se han quedado conmigo cuando parecía que se hundía el barco, y que por quedarse el barco no se hundió: gracias. Muchas gracias.

Vivimos en épocas tan confusas que hemos olvidado cómo relacionarnos. Nos cuesta comunicarnos, ser vulnerables ante el otro, y sin embargo es exactamente esa vulnerabilidad la que nos permite descubrir que no estamos solos.

Por eso te digo: cultiva tus amistades como quien cuida un jardín sagrado. Tú mejor y primer amigo es tu corazón, y desde esa estima profunda de quién eres, podrás brindarle al otro el respeto, el cuidado, la escucha, el abrazo y la compasión que transforman vidas.

La verdad es que, más vale andar de a dos porque, si uno cae, el otro lo levanta. Innovemos algo ¡Ya! Es tiempo de salirnos de las redes, de dejar las pantallas y construir diálogos reales, saludos de voz, cercanías verdaderas. Irnos a tomar un café y recuperar esa convivencia cara a cara que cimienta las amistades auténticas.

innovemosalgoya@gmail.com