INDICADOR POLÍTICO
CARLOS RAMÍREZ
Desafíos de la reforma electoral… si quieren
Martes 03 de Febrero de 2026 9:44 am
LA reforma electoral, como el punto más importante de tipo político en la
agenda presidencial, se presenta como oportunidad para reorganizar de manera
democrática el aparato de votaciones de México o para restaurar el modelo de
Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz en 1988. En los hechos, todas las reformas electorales que se han realizado en el México
revolucionario-posrevolucionario han respondido a respuestas institucionales de
grupos que controlan el régimen para evitar la configuración de un sistema
realmente democrático en la elección de cargos populares. Y allí es donde el comunista-perredista-morenista Pablo Gómez Álvarez se
enredó en sus posibilidades. Tuvo la oportunidad de rescatar la vieja bandera
de la democracia electoral de las corrientes del Partido Comunista Mexicano que
fueron el motivo de la reforma política de 1977, pero terminó por parecerse más
a Bartlett Díaz que al Adolfo Suárez de la transición electoral de España. La estructura del Gobierno federal actual que tiene en sus manos el ajuste
de la propuesta de reforma electoral que entregó de manera formal Gómez Álvarez
tendrá que decidir si se asume el desafío de la reconstrucción o construcción
ahora sí democrática del sistema/régimen/Estado/Constitución para transitar del
modelo corporativo PNR-PRM-PRI-PAN-Morena a un modelo electoral que propicie el
funcionamiento democrático, republicano y de leyes de México. La reforma electoral en proceso de diseño plantea por sí
misma la necesidad de reconocer que la reforma de Salinas-Zedillo-Calderón-Peña
nunca se planteó la transición de México de un régimen corporativo autoritario
a un régimen democrático de leyes e instituciones republicanas. Woldenberg y
Córdova Vianello son la imagen misma de la demagogia salinista-zedillista-peñista
y de la certeza de que el IFE/INE estancó a México en la estructura corporativa
y autoritaria. El modelo de IFE/INE reprodujo el control autoritario priista
del Gobierno en turno sobre la estructura electoral mexicana y la creación de
un Consejo Electoral de barones intelectuales fue votada en varias
ocasiones por la mayoría priista, prianredista o morenista por los partidos a
los que tenía que controlar. La única reforma electoral que debe aceptarse con
criterios democráticos es la que deslinde al sistema/régimen/Estado/Constitución
de la organización de las elecciones y que se forme un cuerpo de profesionales
sin militancia política, ni partidista, ni intelectual, ni anexas. Pero el problema más grave es que la estructura vigente de gobierno/Estado carece
de autonomía, demostrando que el espíritu de Obregón-Elías Calles sigue vivo en
el sistema político morenista. El origen opositor, disidente y sobre todo comunista de
Gómez Álvarez pudo haber sido la gran oportunidad para experimentar un sistema
electoral realmente democrático, pero las propuestas del exdirigente de la
Juventud Comunista aparecen recalcitrantemente priistas y retrógradas. La diezmada oposición carece de visión histórica para una
reforma electoral, toda vez que nació del viejo régimen electoral priista y quedó
atrapada en la restauración morenista. Y el perfil paradójico en modo de ironía
histórica de la nueva oposición conservadora que tiene en su seno a los
personeros del modelo electoral continuado Salinas-Zedillo-Calderón-Peña que están
enamorados por su propio talento académico y sus propuestas parten de su
fracaso como operadores electorales en el IFE/INE y su antipopulismo en modo de
ceguera histórica. Y lo peor que le puede pasar a la reforma electoral es mantener
el modelo salinista de (A)Nexos. En este sentido, no hay espacio para el optimismo
electoral. La reforma que se cocina en Palacio Nacional será del Estado
priista-morenista y reproducirá la restauración del bloque dominante que tiene
ya bajo control al poder legislativo y al Poder Judicial.
Política
para dummies: La
política, al final, es una coartada.
