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En Colima la paz sigue siendo una promesa incumplida



BETZAIDA PINZÓN CARRETO*


Lunes 09 de Febrero de 2026 12:44 pm


En Colima, la seguridad pública se ha convertido en una herida abierta. Una de esas que no cicatrizan porque todos los días se vuelve a tocar, se vuelve a sangrar y se vuelve a negar. El anuncio del cambio de titular en la Secretaría de Seguridad Pública no puede leerse como un simple relevo administrativo. Es la aceptación tardía de una realidad que por años se quiso minimizar.

Cuatro secretarios de Seguridad Pública en lo que va de esta administración estatal. No es un dato menor ni anecdótico. Es el reflejo de una estrategia errática, de decisiones que no dieron resultados y de una violencia que siguió creciendo mientras se cambiaban nombres, discursos y promesas. Porque cuando una estrategia funciona, no se sustituye una y otra vez; se fortalece. Y cuando fracasa, tarde o temprano, la realidad se impone.

Las cifras estuvieron ahí desde el inicio. No las inventó la oposición ni las fabricó el pesimismo. Las publicó el propio Gobierno Federal, las documentó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las confirmó el Índice de Paz México y las sostuvo el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. El estado de Colima encabezando rankings de homicidios, violencia y percepción de inseguridad. Colima con familias que viven con miedo. Colima normalizando lo inaceptable.

¿Qué tuvo que pasar para que se tomara esta decisión? ¿Cuántas vidas más? ¿Cuántas madres buscando a sus hijos? ¿Cuántos jóvenes atrapados entre la violencia y la impunidad? La respuesta duele: tuvo que pasar casi todo.

Como ciudadana, celebro que se reconozca que algo no estaba funcionando. Como militante del Partido Revolucionario Institucional, no puedo callar ante el costo humano de haber llegado tan tarde. La madurez política no se mide solo por corregir, sino por hacerlo a tiempo.

Pero el debate no termina aquí. Hay una deuda aún más profunda con las víctimas: la impunidad. En Colima se han cambiado cuatro veces a quien encabeza la seguridad pública, pero el Fiscal General del Estado permanece intacto desde el inicio de la administración. ¿No merece también una revisión seria su actuación? ¿No es válido preguntarnos si los resultados en procuración de justicia han estado a la altura del dolor que vive el estado?

La seguridad no termina con patrullas ni operativos; empieza y se completa con justicia. Sin investigaciones sólidas, sin responsables detenidos y sentenciados, sin verdad para las víctimas, cualquier estrategia queda incompleta. Y la continuidad en un cargo no puede ser intocable cuando la realidad exige resultados.

Hoy Colima no necesita más silencios ni más cambios cosméticos. Necesita autocrítica, evaluación real y decisiones valientes. Necesita autoridades que entiendan que la paz no se administra, se construye. Y se construye escuchando, rindiendo cuentas y poniendo a las víctimas en el centro.

Alzar la voz no es un acto de confrontación, es un acto de responsabilidad. Porque callar frente a la violencia también es una forma de complicidad. Colima merece paz, sí. Pero, sobre todo, merece verdad, justicia y decisiones que lleguen antes de que sea demasiado tarde.

*Betzaida Luz Alondra Pinzón Carreto

Diputada Local y Secretaria General del PRI Colima