ESTACIÓN ESPERANZA
VLADIMIR PARRA BARRAGÁN
CASO EPSTEIN: PODREDUMBRE MORAL CAPITALISTA
Lunes 09 de Febrero de 2026 12:43 pm
EL escándalo Epstein no es
solo un capítulo sórdido de pedofilia y tráfico humano; sino también una
muestra de la ausencia de límites a una élite que representa a un capitalismo
en crisis terminal, donde los ultra ricos, mayoritariamente hombres, blancos, cisgéneros
y heteros dan rienda suelta a sus perversiones por más despreciables que estas
sean, erigiéndose con impunidad. El millonario Jeffrey
Epstein, no actuaba solo: su red tejía alianzas con magnates, políticos y
celebridades que compartían perversiones, escudados bajo un sistema patriarcal
y un enorme poderío económico, lo que les ha permitido comprar su presunción de
inocencia eterna. Es así como los depredadores sexuales pueden compran sus
propias islas privadas y manejarlas como feudos medievales, traficando menores
vulnerables en esquemas Ponzi de impunidad, gracias una sociedad cada vez más
precarizada, mientras con superioridad moral, señalan, culpabilizan, explotan y
denigran a la clase trabajadora por su pobreza, porque “no le echan las ganas
suficientes” o por sus “malas sus gestiones financieras”, cuando lo único que
hacen es gastar en sobrevivir. El contraste es obsceno. En
EU, mientras un migrante puede ser fusilado por ICE solo por auxiliar a una
mujer agredida; 1 por ciento del 1 por ciento viola a niñas traficadas sin
consecuencias. Un pacto de sangre que trasciende las islas remotas de Epstein y
conecta los nodos de una nueva normalidad fascista: Donald Trump, condenado por
agresión sexual y nombrado múltiples veces en los archivos Epstein, asume la presidencia, se
elige como la policía del mundo, busca anexar Groenlandia para saquear metales
raros. Apoya a Israel aniquila al pueblo palestino en Gaza para instalar
resorts de lujo en tierras arrasadas. Además, invasiones disfrazadas, como la
amenaza a Venezuela para saquear su petróleo. La decadencia del imperio
capitalista erosiona el derecho internacional, la división de poderes y la
democracia misma. Y al final, las voces de las sobrevivientes pesan menos que
los emails de un hombre muerto, mientras que la única encarcelada es una mujer:
Ghislaine Maxwell, chivo expiatorio en un sistema que protege a los verdaderos
cómplices y titiriteros. Ante estos hechos, resulta
increíble e irónica la narrativa plagada de mentiras que la ultraderecha usa
para distraer: que el colectivo LGBTIQ+ son pedófilos, como dice Milei; que el
cambio climático es un complot chino; o que las personas trans acechan en baños
para violar; es una psicosis colectiva que se jacta de "valores
cristianos" y una superioridad moral selectiva. Sin embargo, en los archivos
Epstein no figuran drag queens,
inmigrantes, travestis, obreros organizados, jubilados, ni “zurdos”. Ellos son
los chivos expiatorios de la narrativa fascista, mientras los verdaderos
monstruos siguen en sus yates. La pregunta que urge es: ¿qué otras islas y
archivos ocultan? Esta crisis moral no es
accidental; es el síntoma de un postcapitalismo tiránico. Los súper ricos,
desconectados de la empatía humana, ven el mundo como su patio de juegos. Este
caso revela la urgencia de desmantelar el patriarcado capitalista, redistribuir
la riqueza y juzgar a los intocables, no con reformas tibias, sino con una
revolución que priorice a las víctimas y derribe a los tiranos. Solo así
saldremos de esta podredumbre moral.
*Director de Ciapacov
