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POLÍTICA PÚBLICA TRAS INDUSTRIA DE VIDEOJUEGOS



DAVID VILLARREAL ADALID


Martes 10 de Febrero de 2026 9:57 am


HACE unas semanas, un debate que parecía limitado al terreno cultural se coló de llenó en la agenda política mexicana: el gobierno federal evaluó la posibilidad de gravar con un impuesto de 8 por ciento a los videojuegos con “contenido violento”, dentro de la Ley de Ingresos y el Paquete Fiscal 2026.

La iniciativa, impulsada bajo el argumento de promover hábitos “saludables” y contribuir a políticas de prevención de violencia, fue finalmente cancelada ante la imposibilidad de definir qué juego sería objeto del impuesto y por los propios desafíos técnicos de la medida.

Este episodio pone en evidencia una realidad económica y social de mayor alcance de la que quiero hablar hoy: los videojuegos ya no son un nicho exclusivo de entretenimiento, sino un sector económico de gran escala que trasciende más allá de su propia esfera.

Aunque distintas fuentes proyectan diversas cifras, hay consenso en que los videojuegos son uno de los sectores más amplios en la actualidad. De acuerdo con Mordor Intelligence (2026), el mercado global de videojuegos se sitúa entre los 292 y 320 mil millones de dólares (mmdd) anuales.

Más allá de esta cifra, la base de usuarios es de más de 3 mil millones de personas, es decir que cerca de 3 de cada 10 personas en el planeta dedican su tiempo a jugar videojuegos. Este volumen de participación constituye una masa crítica de consumidores, creadores, participantes y audiencias que conforman uno de los mercados más importantes de los tiempos que corren.

La amplitud del fenómeno tiene diversas implicaciones económicas. Primero, los videojuegos generan ingresos continuos derivados de la naturaleza del modelo de negocio sostenida en suscripciones y compras dentro de los juegos. Segundo, la audiencia demográfica es amplia, ya que trasciende generaciones, géneros y regiones. Tercero, la inversión publicitaria y el impacto mediático: hoy existen plataformas, eventos y torneos con audiencias masivas que atraen inversión exclusiva del sector.

En México el fenómeno también tiene dimensiones económicas tangibles. Consultoras especializadas ubican al país dentro de los 10 mercados más grandes del mundo y el primero en América Latina, con un mercado de 76 millones de jugadores activos y un valor de mercado que supera los 2.3 mmdd.

El reciente debate legislativo en México por tanto no sucedió sobre la nada, sino en un momento que el sector está en expansión y en disputa su naturaleza cultural. La cancelación de la medida revela los límites de la intervención pública sin evidencia científica clara, pero también la necesidad de pensar en políticas públicas que reconozcan al gaming no solo como una actividad lúdica, sino como un sector estratégico.

La expansión de los videojuegos, medida tanto por el alcance global que tiene como por su penetración en el mercado nacional, plantea una pregunta central: ¿cómo articulamos una política pública que reconozca el videojuego como industria cultural y económica, sin reducirlo a un problema moral aislado?

 

*Presidente de la Asociación de Egresadas y Egresados de Economía UCOL