INDICADOR POLITICO
CARLOS RAMÍREZ
Los estadunidenses quieren a Trump y los cubanos a Castro
Miércoles 11 de Febrero de 2026 1:16 pm
En función del análisis
político se puede tener una opinión muy crítica y estricta contra el régimen
autodenominado comunista de Cuba y contra la mayoría racista de
estadounidenses que adora a Donald Trump, pero la palabra final y local
la tienen los ciudadanos de cada país. La decisión
gubernamental de Trump de imponer castigos arancelarios a los países que
le entreguen petróleo regalado o a precios por abajo del mercado a Cuba representa
una violación flagrante a la soberanía de las naciones que puedan tomar esa
decisión energética --aún con reclamos internos de sus propios ciudadanos-- en
función de sus argumentaciones geopolíticas. En el pasado, la
estrategia imperial de Estados Unidos aplicaba sanciones económicas --no
arancelarias, porque estas corresponden a otra esfera de decisiones
internacionales vinculatorias-- y siempre merecía la condena mundial. En
1962, la OEA en función de Departamento de Colonias de EU y obedeciendo
consignas de la Casa Blanca ordenó a los países latinoamericanos y caribeños
que rompieron relaciones diplomáticas con La Habana por su declaración
de régimen marxista-leninista que en efecto contradecía artículos muy
concretos de la Carta de la organización. El gobierno del
presidente López Mateos fundamentó su negativa a cumplir la instrucción
de estadounidense en función de la política exterior autónoma de México y
nada menos que el presuntamente progresista presidente John F. Kennedy tuvo que
aceptar la realidad y prefirió mantener a México como el último hilito
de relación con la Cuba del comandante Fidel Castro Ruz, con la circunstancia
muy precisa de que Washington no definió sanciones directas a quienes no
obedecieran la orden de la Casa Blanca. Ahora, el gobierno populista de Claudia
Sheinbaum Pardo rindió los principios de la política exterior mexicana
soberana e independiente por la dependencia de México respecto del Tratado de
Comercio Libre del cual subordina la existencia económica del país. Lo significativo
del momento delicado en el desequilibrio del nuevo orden internacional que a
golpe de gritos, sombrerazos, berrinches, amenazas bélicas y decisiones arbitrarias
afectan la soberanía de otras naciones está radicando en el hecho de que el
Gobierno de Donald Trump no tiene puntos de contrapeso y está dejando la
impresión de que hoy Rusia, China y Corea del Norte regresaron al papel que burlonamente
le acreditó al presidente Mao a Estados Unidos y sus amenazas contra la
revolución maoísta: “tigre de papel”. Cualquier
política exterior soberana tiene el derecho de mantener una relación con
Cuba en función de sus propios principios, aunque el gobierno cubano ha sido
bastante necio en no escuchar recomendaciones de naciones amigas o
solidarias que le piden distensión a su régimen dictatorial interno que
impide cualquier mínima libertad para ciudadanos que no estén de acuerdo con el
comunismo y los encarcela, los tortura o los condena a la marginación
casi total. El régimen
militar cubano de dictadura absoluta es indefendible, porque no se puede
mantener la complicidad con 67 años de dictadura férrea en Cuba. Y ahí el
régimen familiar de Raúl Castro --con otros miembros de la famiglia castrista en la
lista sucesoria actual-- se han negado a la mínima distensión interna y
en medio del acoso de estadounidense y las dificultades para la solidaridad
energética no he hecho en las últimas horas más que reforzar la represión
contra ciudadanos que están pidiendo cambios que respondan a las exigencias de
democracia mínima en la isla. El Gobierno de
Trump está mostrando su debilidad con decisiones de brutalidad
autoritaria contra un país de solo diez millones de habitantes --con una
mayoría minoritaria que apoya al gobierno, aunque sin la legitimación
normal electoral por falta de libertades políticas indispensables-- y está
condenando a los cubanos a la inanición por no aceptar el dominio
estadounidense. Y sobre todo por la incapacidad de todo el poderío
militar y de espionaje de EU que nunca pudo asesinar al comandante
Castro ni deponer al gobierno comunista. En un acto digno de la narrativa de
Homero, el presidente Trump ha decidido un cerco inhumano que parece
querer castigar más a los cubanos por no revelarse internamente con
contrarrevoluciones para derrocar a sus gobernantes. Lo que queda en
el caso cubano es la equidistancia en modo de oxímoron: así como los
estadounidenses en mayoría apoya los estallidos autoritarios de Trump
contra pueblos de otras naciones, así también la mayoría de los cubanos por
represión, por omisión o por comisión han tenido el gobierno que se merecen,
que aceptan y que no se han organizado para cambiarlo. Si logra derrocar
al último Gobierno de Raúl Castro e imponer la dirigencia conservadora o en
modo de Estado libre y asociado de EU, Trump no pasará a la historia
como un libertador sino como un conquistador en modo de Gengis Kan. -0- Política
para dummies: La política tiene el otro lado del espejo. El
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