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INDICADOR POLÍTICO



CARLOS RAMÍREZ

4T: bajo PIB por populismo


Viernes 13 de Febrero de 2026 1:38 pm


A partir de su origen político e ideológico, que proviene del PRI populista y neoliberal, el proyecto de gobierno de la 4T quedó atrapado en las contradicciones entre objetivos sociales y productivos y la dinámica del mercado, que requiere decisiones que estimulen primero la actividad económica privada.

La maldición del oxímoron (dos ideas económico-productivas que se contraponen como el agua y el aceite) está en el fondo de los esfuerzos de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por cristalizar el proyecto público del Plan México, para reactivar el modelo de desarrollo de la economía privada, pero con el lastre de programas de dinero regalado que no generan demanda efectiva ni impulsan el PIB.

El viejo PRI encontró la salida en el modelo de economía mixta: un Estado con gran capacidad presupuestal, programas de impulso directo a la economía privada y políticas sociales que se convertían en salario no monetario.

La 4T muestra indicios de un priismo mal aprendido: ha establecido compromisos de inversión pública y privada para reactivar la economía, pero ha tomado decisiones que desestimulan la inversión privada, mientras la inversión pública se diluye en subsidios improductivos.

El modelo del viejo PRI discutió, en el contexto del populismo, la semana laboral de 40 horas, pero el realismo productivo desaconsejaba decisiones verticales que no se ajustaran a la productividad. La 4T revivió ese espíritu y dio el primer paso para establecer la semana de 40 horas, después de aumentar los salarios como acto de justicia y no como decisión económico-productiva.

El pensamiento antineoliberal tiene facilismo argumentativo: beneficiar al sector laboral con salarios más altos y menos horas de trabajo, sin entender que estas decisiones afectan uno de los mecanismos reguladores del capitalismo exitoso: la economía social y los precios relativos.

El Plan México va a fracasar porque su esquema neoliberal-empresarial es menor a los compromisos populares con subsidios sociales. Un empresario no invertirá si aumentan los costos salariales, disminuyen las horas de trabajo y se controlan los precios finales, sobre todo sin reconstruir previamente los elementos de productividad. El saldo negativo se refleja en falta de inversión privada, escasez de inversión pública y precios finales que no ofrecen incentivos empresariales.

El populismo de Echeverría y López Portillo fracasó por populista, y el populismo salinista 1983-2018 careció de un nuevo modelo de desarrollo, limitándose a abrir las fronteras a la importación. Los aumentos salariales y la reducción de horas desincentivan la inversión privada, y la pública no alcanza para sostener un PIB mayor a 1 por ciento.

Política para dummies: la política es economía.