ALGO MÁS QUE PALABRAS
VÍCTOR CÓRCOBA HERRERO*
En un mundo abatido, hay que animarse
Lunes 16 de Febrero de 2026 1:13 pm
ES cierto que quien espera puede caer en la
desesperación; pero siempre es mejor viajar lleno de sueños, aunque sea un
riesgo que hemos de correr, que caminar sin ansia, pues sería como morirse en
espíritu. Lo sustancial radica en activar los latidos, convirtiendo el pulso en
una comunión de sinceros abrazos, para poder transformar las ofensas en
clemencia, el sufrimiento en consolación y los sanos propósitos de
perseverancia en obras caritativas. De hecho, la misma naturaleza que nos
acompaña y acompasa tiene un estilo sorprendente que debe forjarnos a hacer
pausa, al menos para reflexionar e iluminar las conciencias de ese bondadoso
innato sentido natural, para que podamos gestar un porvenir que nos vincule y
fraternice en calor de hogar. Hay nubes, pero también claridades; como igualmente
hay penas sobre un cielo azul, pero además un poema de anhelos dispuesto a
esclarecer la noche para renacer en un esplendoroso día, contra nuestra
desolación. Desde luego, hay que levantarse siempre y renacer cada jornada, con
la confianza repuesta y la expectativa cargada de positivismo. La indiferencia
no es humana: somos gente de palabra y corazón, a ejercitar con el prójimo. Con
ellos y por ellos hemos de palpitar de modo perseverante en la entrega de un
nosotros; además de hacerlo, por los injustos, para que modifiquen sus
actitudes y encuentren la paz. Entre tanto, con la certeza de que ya nos hemos
globalizado, nos resta hermanarnos a la vida que somos y al verbo que
conjugamos, como latido de benevolencia. Cultivemos el esfuerzo cada instante, sin que nadie
quede fuera de juego. El mundo es de todos y de nadie en particular. Lo que no
puede suceder a estas alturas del camino es que se pongan en riesgo los
servicios esenciales o el sistema de alimentos, en cualquier parte del planeta,
y siempre afecte a los grupos más vulnerables. Demos albor a los que caminan
entre sombras y la alegría secará las lágrimas vertidas por doquier. No
olvidemos que todo se restaura por el auténtico amor, sin apenas hacer ruido
alguno, pero lleva consigo una existencia entregada. Sin exhibiciones
terrenales, ni tampoco intereses mundanos, dejémonos alimentar y alentar por
esta unión de percusiones. Luego, hagamos recogimiento y mantengamos la
autocrítica; sólo así podremos discernir con sabiduría y prudencia. Evidentemente, la visión contemplativa es esencial
para describir y descubrir lo que está sucediendo en este orbe que nos
atraviesa y nos apresa con su abecedario de contrastes entre las tinieblas y la
luz. Es verdad que, de un tiempo a esta parte, la violencia parece ser nuestro
lenguaje. Con esta atmósfera de hostilidad en el horizonte, desbordada por la
polarización política, las presiones económicas y sociales, la amplificación de
la ira a través de las redes sociales y la disminución de la confianza en las
instituciones públicas, cuesta mucho atenderse y entenderse; pues ya no se
trata de una confrontación de ideas entre análogos, lo cual es normal y forma
parte de la diversidad, sino de una verdadera lucha de identidades, no
respetuosas con el pensamiento de los otros. Sigamos esos pasos, los de la concordia, aunque nos
pongan zancadillas a diario. Aplacarse y donarse es la gran tarea humanitaria
pendiente. Seguramente, entonces, nos reencontraremos mutuamente. Será, por
distintas sendas, pero ya no estaremos distantes, porque habremos sabido
escuchar el dolor ajeno y liberarnos interiormente del engaño de la
intimidación.
