Ganó el amor al odio.
LOURDES CARRILLO BERNAL
Lunes 16 de Febrero de 2026 1:11 pm
MUCHOS
conocemos desde cantos de burla y reclamo hasta los himnos sindicales de
principios del siglo XX, cuando en EU autores como Joe Hill vieron en la música
una herramienta de organización colectiva, hasta la explosión del folk como un
género en sí mismo. La llamada canción de protesta se constituyó en pilar de
movimientos sociales. Destacados autores transformaron el repertorio popular en
reclamo político. “Adiós
mamá Carlota…” En América Latina existe esa misma idea de la música como
registro crítico ante la represión; creció entre dictaduras, intervenciones
imperialistas y luchas por los derechos humanos. De Víctor Jara a Mercedes
Sosa, León Gieco y la trova, las letras cargaron memoria y reclamo frente a las
violencias intestinas o que emanaban de la Guerra Fría. Ahora, en Estados
Unidos resurge esa herencia ante las políticas migratorias del autócrata,
pederasta Donald Trump y su “Gestapo” del ICE, que han asesinado y aterrorizado
en Minneapolis y otros estados a ciudadanos indefensos. Bruce
Springsteen, con la canción “Streets of Minneapolis”, reclama justicia y hay
conciertos con una red de artistas que confluyen en su crítica directa hacia la
administración Trump. Recordamos a figuras como Guthrie y Bob Dylan, y desde
luego habrá que resaltar a Green Bay y Bad Bunny, que durante el show de medio
tiempo del Super Bowl se han posicionado claramente contra la visión migratoria
de Trump y su política para Latinoamérica y el Caribe. Esta música es un lazo
compartido. Nos recuerda que la protesta musical puede ser un arma simbólica
contra políticas de exclusión y que su presencia en un ciclo político opresor
puede catalizar energías fundamentales, enfrentando con voces afinadas y coros
al intervencionismo, no solo con herramientas políticas o militares. Se
elevó a un fenómeno masivo observado por 128 millones de personas en EU y hasta
60 millones en el mundo. Latinizó el rito americano del “espectáculo supremo
deportivo de EU”. La presentación de Ricky Martin, aun de minutos, dejó el
mensaje de alerta colonialista de EU y la desesperada situación de Hawaii. “Nuestra
base de fanáticos latinoamericanos es extraordinaria”, dijeron los pragmáticos
empresarios ante los ultraderechistas ofendidos por el espectáculo en español
por vez primera. Ganó el “Benito Bowl” a pesar de las rabietas del aprendiz de
dictador, olvidando que Benito es estadounidense por imperialismo yanqui, pero
latino de buena cepa. No como el cubano renegado Marco Rubio, que es una
vergüenza para la historia de ese país. Y para
los antojos gringos nada mejor que el guacamole con tortillas y chile mexicano
y tequila o cerveza. Consumieron 125 mil toneladas de aguacate en el Super
Tazón. ¡Viva México, viva América que somos todos! Y ciertamente, “más fuerte
que el odio, es el amor”. Feliz Día de San Valentín.
*Ex presidenta de la
ACPE.
