INDICADOR POLÍTICO
CARLOS RAMÍREZ
AMLO-CSP, dos formas de la 4T
Jueves 19 de Febrero de 2026 12:31 pm
LAS recientes fricciones entre el presidente emérito López
Obrador y la presidenta en funciones Sheinbaum Pardo, justamente en ese sentido
de direccionalidad, no representan una ruptura en la alianza política de
continuidad transexenal, sino que reflejan más bien el enfrentamiento de modos
entre científicos y populistas, aunque en el caso específico de una oposición
real que estaría obligando a un endurecimiento político del grupo de la 4T. Los dos presidentes están convencidos del proyecto cuatroteísta;
solo enfrentan conflictos entre grupos políticos en modo de tribus, como se
pudo percibir en casos concretos de crisis en la alianza morenista en modo de
fuego amigo o guerra civil: la caída de Adán Augusto López Hernández, el
enfriamiento de Ricardo Monreal Ávila, la crisis con Marx Arriaga en la SEP y,
sobre todo, el acoso interno a Andrés Manuel Andy López Beltrán, que derivó en
el desplome estrepitoso de la Secretaría de Organización de Morena y su
alejamiento como posible candidato presidencial lopezobradorista en 2030. El control de Morena, el manejo de las dos cámaras legislativas
y el paso decisivo para desrevolucionar el papel de la educación en la
producción revelan dos enfoques de un mismo objetivo, con la circunstancia
agravante de que la presidenta Sheinbaum no quiere aparecer solo como
intendente de un proyecto al cual no se le quiere modificar ni una coma. Pero en el otro escenario oculto de la tensión dinámica AMLO-CSP
están las decisiones del sexenio pasado para conseguir financiamiento que
serviría a las campañas de Morena, incluyendo la denuncia formal en Estados
Unidos sobre la presunta responsabilidad de figurones de la 4T en el huachicol
fiscal. Hoy no importa tanto esa configuración opositora parcheada, sino
que convergieron en la fundación de un partido (Somos México) definido de
origen como oposición no leal, distinta a la oposición leal que fue el PAN en
sus dos sexenios presidenciales. Entre los problemas de la agenda de las elecciones legislativas
de 2027 y presidenciales de 2030 destaca la reforma electoral que López Obrador
ordenó manejar de manera unidireccional y sin negociación con la oposición, y
cómo la nueva oposición logra insertarse en el debate público sobre la reforma
cuatroteísta encargada al comunista Pablo Gómez Álvarez, que paradójicamente
adopta un modo priista al recuperar el modelo de la Comisión Federal Electoral
de Manuel Bartlett Díaz en 1988. La presidenta Sheinbaum sabe que no tiene el perfil de liderazgo
popular de López Obrador y que está acotada por el lopezobradorismo en activo,
además de la intención del presidente Trump de influir en las elecciones de
México, como ha hecho en otros gobiernos latinoamericanos que transitaron del
populismo al derechismo descarnado. En ese espacio se ubican las tensiones dinámicas entre el modelo
político-científico de Sheinbaum y el modelo apasionado, inflexible y
verticalista de López Obrador. Si en el fondo no está en riesgo el enfoque final de la 4T para
2027 y 2030, en el camino podrían generarse mayores desentendimientos y
disputas dentro de la mayoría gobernante, dificultando la meta de la mayoría
calificada en 2027 y la presidencia en 2030.
Política para dummies: la
política es cosa de políticos que entiendesnde intereses y no de política.
