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RAZONES



JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

Arriaga, Ramírez y Ayotzinapa


Jueves 19 de Febrero de 2026 12:30 pm


EL show de Marx Arriaga tratando de convertir su oficina en una suerte de auditorio Che Guevara sirvió como distractor de muchos otros enfrentamientos internos en el movimiento de la 4T, pero también para exhibir algunas de las principales causas de esos conflictos.

Ya se sabe que la SEP le pidió a Arriaga cerca de 200 cambios en los libros de texto para corregir tanto errores evidentes como juicios que confrontaban esos libros incluso con sectores del propio gobierno federal y decisiones judiciales. Hay errores notorios, como la fecha de nacimiento de Benito Juárez, pero hay otros que Arriaga presentó como “legados del obradorismo”, relacionados con la llamada guerra sucia, la apología de los movimientos guerrilleros de los 60 y 70 (desde Genaro Vázquez hasta la Liga 23 de Septiembre), incluyendo el asesinato de Eugenio Garza Sada, eventos decididos por la justicia como la masacre de Acteal, y sobre todo el caso Ayotzinapa, presentado en los libros de Arriaga como un crimen ordenado por el Estado.

El caso Ayotzinapa es un leitmotiv para los sectores radicales de la 4T a los que pertenece Arriaga, cuyo principal exponente de poder es Jesús Ramírez. Fue una de sus grandes derrotas políticas el sexenio pasado. A pesar de todas las maniobras fuera de la ley para imponer la visión de que se trató de un crimen de Estado, no lo lograron. Aunque siguen insistiendo en que la llamada “verdad histórica” (que los jóvenes fueron secuestrados por sicarios en colaboración con policías municipales y asesinados por los cárteles porque se les confundió con organizaciones rivales, como confirman participantes y escuchas de la DEA a Guerreros Unidos) era una manipulación organizada “por autoridades federales y estatales de los más altos mandos”, lo cierto es que algo muy similar a esa versión es lo que concluyó la investigación de la fiscalía especial el sexenio pasado.

Jesús Ramírez, en la desafortunada respuesta que hizo al libro Ni venganza ni perdón, me descalifica por dos razones: primero, por trabajar en Azteca (descubrió el hilo negro, lleva 20 años en esa empresa de comunicación); segundo, por haber escrito La Noche de Iguala (Cal y Arena), quizá la investigación más exhaustiva sobre la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa, con información de múltiples fuentes, incluyendo militares y agencias de EU, todas documentadas. Ese libro también ofrece una radiografía del narcotráfico en Guerrero, cuyas vertientes operan hasta hoy. Sus conclusiones coinciden en gran medida con las de la justicia del sexenio pasado.

Sin embargo, toda esa corriente que encabeza Ramírez sigue insistiendo en que los militares fueron responsables de la desaparición de los jóvenes, tal como se insinúa en los libros de texto de sexto grado, responsabilizando incluso a anteriores y actuales mandos de la Defensa y, por añadidura, al secretario de Seguridad Omar García Harfuch, otro de sus enemigos.

Ese tema es un capítulo central de su narrativa, que va de Marx Arriaga a Jesús Ramírez, pasando por muchos de sus voceros oficiales u oficiosos. No es casualidad que esos mandos militares y ese gabinete de seguridad sean hoy el mayor y más sólido respaldo de la presidenta Sheinbaum, en un contexto de creciente división interna.