El verdadero reto educativo
EDUARDO SÁNCHEZ GARCÍA*
Viernes 20 de Febrero de 2026 1:24 pm
EN
estos tiempos de debates intensos, donde se ha mencionado tanto a figuras como
Max Arriaga y las controversias en torno a la Secretaría de Educación Pública,
es fundamental centrarnos en lo que realmente importa para el futuro de
nuestras generaciones. Los libros de texto representan apenas la superficie de
un problema más profundo. Lo
que necesitamos discutir con mayor urgencia es si la inversión y el presupuesto
se destinan efectivamente a fortalecer la educación, o si prevalecen narrativas
que, aunque bien intencionadas, no siempre se traducen en impactos tangibles en
las aulas. Durante los últimos ocho años, México ha enfrentado desafíos en este
rubro, y aunque iniciativas como las becas han apoyado a millones de familias
que las requieren con urgencia, aún falta avanzar en una transformación
integral que responda a las expectativas colectivas. Como
sociedad, nos distrae una polarización que nos aleja de preguntas clave:
¿cuántas escuelas se han construido y quiénes han impulsado su desarrollo? ¿Qué
lecciones podemos aprender de El Salvador? Y, sobre todo, ¿cómo aseguramos una
educación de calidad e inclusiva que aborde los desafíos actuales, como el
acceso al agua, la energía sostenible, la inteligencia artificial y los empleos
del mañana, más allá de divisiones ideológicas? ¿Cómo garantizamos que la
inclusión sea una realidad palpable, no solo un ideal? Hablemos
con base en datos concretos, dejando de lado los discursos polarizantes. El
gobierno federal ha anunciado un presupuesto para 2026 de alrededor de 1.1
billones de pesos en educación, con un aumento nominal del 7.1 por ciento y
real del 3.4 por ciento respecto al año anterior. Desde 2018, se reporta un
incremento real acumulado del 10.2 por ciento. Sin embargo, no estoy seguro de
que este aumento sea prometedor; al contrario, resulta desalentador cuando
consideramos la realidad en las escuelas: miles carecen de mantenimiento
básico, el magisterio sigue en lucha por mejores condiciones, y el sistema
educativo global avanza a pasos agigantados con la incorporación de la
inteligencia artificial, mientras nosotros parecemos rezagados. Analistas
independientes destacan que estas cifras equivalen a solo el 2.92 por ciento
del PIB, por debajo de las recomendaciones de la UNESCO (4-6 por ciento) y del
3.5 por ciento asignado en 2015. El gasto per cápita ajustado por inflación
sería de 8 mil 417 pesos en 2026, un 11 por ciento menos que en 2015. Además,
los recursos representan el 12.2 por ciento del presupuesto federal y el 4 por
ciento del PIB, inferiores al promedio de la OCDE (5 por ciento) y al 8 por
ciento mandatado por la Ley General de Educación.
México
y sus ciudadanos lo anhelan: pasemos de las palabras a las acciones que
transformen vidas. Y entonces, ¿se pondrán de acuerdo en crear libros de texto
gratuitos que verdaderamente inspiren, motiven e impulsen a nuestra niñez y a
nuestras juventudes? ¿O seguiremos en ese pie de lucha ridículo, hacia el
protagonismo político?
