Indicador político
CARLOS RAMÍREZ
Cae El señor Mencho, pilar del narco como Estado paralelo
Martes 24 de Febrero de 2026 12:39 pm
La realidad comprueba que los mitos terminan por
encontrar su verdadero espacio. El “señor Mencho” había pasado en formar parte
ya de la cultura de los narcocorridos como un delincuente que se enfrentaba al
aparato autoritario del Estado, pero con evidencias de que se trataba
simplemente de un líder criminal. Los círculos se cierran: el Cártel de las Cuatro Letras
(CJNG) había violado los límites del poder del Estado el 28 de junio de 2020 -hace
casi seis años-, cuando operó un espectacular atentado con decenas de balazos
contra el entonces secretario de Protección Ciudadana en la Ciudad de México,
Omar García Harfuch. El abatimiento del jefe del Cártel Jalisco, el
encarcelamiento del Chapo y el Mayo Zambada como jefes del cártel
de Sinaloa y los arrestos de jefes de cárteles menores cambiaron el cuadro
político interno de México y desde luego que deben de distorsionar las
relaciones opresivas del Gobierno del presidente Trump que se basaban en su
argumentación de que el gobierno mexicano no se atrevía a combatir a los
cárteles y a sus jefes. Quedan, de todos modos, los expedientes que tienen que
ver con las razones políticas internas en México que permitieron desde 1984 que
los cárteles del narcotráfico hubieran podido florecer por razones de la
denuncia permanente de que estructuras judiciales y políticas del Estado
mexicano estaban articuladas a los intereses de las bandas del crimen
organizado. El encarcelamiento de los grandes capos desde finales de
los años noventa hasta el secuestro del Mayo Zambada no habían
desmembrado el poder criminal -es decir: económico, político y social- que le
había expropiado arbitrariamente espacios territoriales a la soberanía del
Estado mexicano. A pesar de lo significativo de la muerte o
encarcelamiento de grandes capos, las estructuras de los cárteles han seguido
funcionando. Los operativos en contra de los jefes han buscado solamente el
descabezamiento de los cárteles, de Calderón a la fecha, pero a sabiendas de
que hay relevos de jefaturas que siguen haciendo funcionar las maquinarias
criminales que dominan espacios territoriales nacional. El Cártel de Sinaloa, por ejemplo, fue descabezado con el
arresto del Chapo, el Mayo y uno de los hijos del Chapo,
pero los laboratorios, sobre todo de producción de fentanilo, siguen operando
con dificultades, pero produciendo drogas y sobre todo continúan
contrabandeando en sus productos hacia Estados Unidos para satisfacer las
necesidades de los oficialmente reconocidos 48 millones de adictos reconocidos
por el presidente Donald Trump. Otro de los datos fundamentales sobre la configuración de
los cárteles se localiza en la capacidad de acopio de armas de los cárteles y
sobre todo en decisiones operativas delictivas no para proteger el tráfico,
sino para combatir al Estado que está recuperando su autoridad territorial
capturada por los delincuentes. El último dato proveniente de Estados Unidos
señala que hasta ahora solo se ha podido decomisar el 3 por ciento de armas que
de contrabando están en poder de los delincuentes en Estados Unidos y en otras
partes del mundo. Y también hay que registrar el hecho que los grandes
cárteles y sus jefes siguen instalados en espacios territoriales detectados por
las autoridades, pero sin que existan operativos específicos para recuperar esa
soberanía territorial y que los grandes personajes del narco y sus familiares
se mueven casi a la vista de todos sin que las autoridades desmantelen esas
estructuras donde se encuentra el origen real del poder criminal. De acuerdo con versiones más o menos documentadas -entre
ellas la DEA-, el Cártel Jalisco tiene presencia dominante en cuanto menos una
quincena de estados de la República y disputa el control en una docena más de
entidades donde otros cárteles tienen el control, y en todo este avance
territorial se hizo ante la incapacidad o la complicidad de autoridades y
sociedades en las zonas locales. El cártel del Mencho tenía varios años de operar
con arrogancia en espacios mediáticos con videos que mostraban parte de su
capacidad de armamento, pero siempre con la percepción gubernamental de que los
grupos delictivos chocaban con el escudo de seguridad y sobre todo del
Ejército. Lo que debe venir ahora es un operativo más que urgente del
Estado mexicano para desmantelar las posiciones territoriales controladas por
los cárteles y para arrestar a políticos, empresarios y líderes sociales que se
habían aliado con los capos para entregar la soberanía del Estado a
grupos delictivos que imponían su reinado de terror. Con la muerte del Mencho termina el ciclo de los grandes
capos del narco que comenzó en 1984 con Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto
Fonseca y Rafael Caro Quintero. Política
para dummies: La política, al final del día, se impone sobre la
delincuencia.
