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¿Maduro está en la cárcel?



JOSÉ ÁNGEL BRAMBILA LEAL


Lunes 02 de Marzo de 2026 2:56 pm


En distintas ocasiones hemos estado sentados a la mesa del café los entrañables amigos a quienes nos atraen los temas políticos, deportivos, religiosos y, desde luego, toda clase de chismes, que para eso los mexicanos nos pintamos solos. Y justo cuando todos coincidimos en un punto de vista, como por ejemplo, en lo irónica que resulta la vida para alguien como Nicolás Maduro, quien durante los últimos 13 años vivió paladeando los más excelsos privilegios de su existencia, gozando de los placeres de la vida como cualquier jeque árabe, y quizás con más independencia que ellos, dada su ausencia de formación y su falta de principios y valores, ya que todos esos privilegios los obtuvo como por arte de magia, de la nada, sin mérito alguno, sólo por el hecho de estar en el momento oportuno con un hombre como Hugo Chávez, que se estaba muriendo y que no tenía a nadie de confianza a quien entregar el poder, todo ello para que de la noche a la mañana eso se acabe y vaya con sus huesos a una cárcel neoyorkina, fría y maloliente, arrumbado en una solitaria celda de dos por tres metros.

Les decía, cuando todos en la mesa coincidíamos en ese punto de vista, nunca falta el diferente, que nos ve a todos con una sonrisa maliciosa, como burlándose de lo ingenuos que los ahí reunidos somos. Después de darnos una barrida de vista, entre tierna y compasiva, suelta la frase entre los dientes, con los labios esbozando esa sonrisa de misericordia por nuestras bondades: “¿De veras creen que Maduro está en la cárcel?”. Ya cuando nos tiene en sus manos, suelta todo su arsenal conspirativo. “Ustedes piensan que los gringos son como esos superhéroes donde no tienen una sola falla”, “No, mis amigos, ya despierten”.

¡Gulp! Y eso que somos amigos. Afortunadamente había ahí muchos amigos informados, como Alex Flores, Toño Ramos, José Antonio Orozco y varios más, quienes lo abrumamos con datos irrefutables que lo obligaron a acordarse de un asunto urgente que en esos momentos tenía que atender. ¿Le ha tocado algún amigo de esos que tienen otros datos? La verdad es que Nicolás Maduro vive momentos angustiosos en una minúscula celda, después de tener a su disposición cientos de guardias súper entrenados, asistentes personales para satisfacer instantáneamente sus más caros deseos y la posibilidad de acudir a la hora que quisiera a los lugares más remotos del mundo y ser recibido con los máximos honores con que se recibe a un jefe de estado.

Ahora debe estar lamentando no haber escuchado ni una sola de las advertencias sobre lo que se avecinaba. Maduro se enamoró del oro y a conservarlo dedicó su vida. Se olvidó que la libertad no tiene precio. Ahora comprenderá lo que decía Gandhi, que los grilletes de oro son mucho peor que los de hierro.

¿Gusta opinar? Lo espero en Las Mentadas. Mi correo: jbrambilaleal@yahoo.com.mx.