MESA SOLO PARA DOS
RUBÉN DARÍO VERGARA SANTANA
Miércoles 04 de Marzo de 2026 12:42 pm
ESTA
opinión personal, se expresa antes que la iniciativa de reforma sea ingresada a
la Cámara por la Titular del Poder Ejecutivo. Atiende exclusivamente a
diputaciones plurinominales. No afirmo que así será inevitablemente, pero sí
advierto escenarios que podrían presentarse si el modelo de representación que
se propone termina consolidándose. Durante años, el
Congreso funcionó como una mesa común. En ella se sentaban quienes ganaban
distritos por mayoría, pero también quienes, sin arrasar territorialmente,
tenían respaldo suficiente en votos para merecer representación. No era un
regalo ni una concesión. Era un mecanismo diseñado para que la pluralidad
social del país encontrara un espacio institucional. Las plurinominales
operaban como un corrector democrático. Si un partido obtenía un porcentaje
relevante de votos, aunque no ganara distritos, podía tener presencia
legislativa. Eso permitía que existieran fuerzas medianas, minorías organizadas
y también perfiles técnicos o intelectuales que enriquecían el debate
parlamentario. No todo era competencia territorial pura; había equilibrio. La reforma
modifica esa lógica. Se mantienen los números de legisladores, pero desaparecen
las listas plurinominales tradicionales elaboradas por las dirigencias
nacionales. En su lugar, parte de los espacios se asignarían a mejores segundos
lugares en distritos y otra parte por circunscripción regional. En los
plurinominales por circunscripción no hay voto directo a la persona. El
ciudadano sigue votando por el partido. No se marca al candidato en la boleta.
Lo que cambia es el mecanismo de cálculo. Antes el peso era más amplio, con
corrección nacional o estatal. Ahora el resultado depende más del desempeño
concreto en cada región. Eso significa que
la representación proporcional deja de funcionar como compensación general y
pasa a depender de competitividad territorial. Un partido puede tener votos
dispersos en todo el estado, pero si no logra ser primero o segundo fuerte en
distritos específicos, puede quedarse sin representación significativa. Las consecuencias
son claras. Los partidos pequeños o medianos tendrán que decidir si fortalecen
estructura territorial o si se integran en bloques permanentes. El voto duro se
vuelve moneda estratégica. La competencia tenderá a concentrarse. También cambia el
incentivo interno. Si el acceso a curules depende más de resultados
territoriales que de porcentaje general, la prioridad será colocar candidatos
rentables electoralmente. El perfil técnico, el intelectual o el legislador
experimentado podrían quedar en segundo plano frente a quien garantice votos.
No afirmo que desaparezcan los perfiles de nivel, pero el estímulo cambia. Si esta fórmula se
mantiene durante dos ciclos electorales, es posible que el sistema tienda hacia
dos grandes bloques dominantes. No porque la ley lo imponga expresamente, sino
porque la matemática lo incentiva. El voto útil crecería. Las fuerzas menores
tendrían menos margen de maniobra. México es un país
diverso. La pluralidad social no desaparece por decreto. Pero su traducción
legislativa sí puede reducirse si el diseño favorece la concentración. Un sistema más
compacto puede facilitar gobernabilidad, agilizar decisiones y reducir
parálisis legislativa. Pero también exige mayor madurez democrática, respeto
entre poderes, tolerancia frente a la disidencia y mecanismos reales para que
voces minoritarias influyan aun sin mayoría numérica. No sostengo que la
reforma sea contraria a la Constitución. Lo que sostengo es que transforma el
equilibrio entre pluralidad y concentración. Cambia la forma en que el voto se
convierte en poder político. Antes
era una mesa amplia con distintos guisos. Hoy podría convertirse en una mesa
más reducida, donde quien no alcanza fuerza territorial suficiente simplemente
se queda sin silla.
La pregunta no es si el modelo cabe
jurídicamente. La pregunta es qué tipo de representación queremos y qué cultura
política estamos dispuestos a construir. Porque cuando se cambia la fórmula, no
solo se ajusta el reparto de curules. Se redefine la dinámica completa del
sistema. Y eso, guste o no, marca el rumbo político de los próximos años.
