Por jugar a toma todo, reforma podría llevar a todos pierden
CARLOS RAMÍREZ
Miércoles 04 de Marzo de 2026 12:42 pm
LA exigencia del Palacio de Invierno de Palenque de
aprobar una reforma electoral parcial y “sin cambiarle una coma" podría
convertirse en una derrota política que reduciría márgenes de movilidad de Morena
en su meta de mayoría calificada de dos terceras partes de la Cámara de
Diputados y desde luego que impactaría en reducción de espacio para las
presidenciales de 2030. La decisión heredada rompió con dos criterios vigentes del
viejo pero vigente sistema político priista: “molestia que no te moleste, no la
molestes” y “no hagas ningún cambio en la incertidumbre”, y la tardanza de
Palacio Nacional para enviar a la Cámara de Diputados la iniciativa de reforma
electoral solo reveló que el gobierno perdió las expectativas de beneficios y
se convirtió en un listado de mermas. Lo paradójico del asunto radica en el hecho de que la
legitimidad y la legalidad de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo es mayor a
la que tuvo el presidente López Obrador en su sexenio, pero el costo de
credibilidad democrática podría manchar algo que el instructivo
lopezobradorista no parece tener registrado: el legado histórico propio de la
primera presidenta de México y no como imposición
lopezobradorista. En ese sentido, los problemas de la iniciativa de reforma
electoral no tienen que ver con las exigencias del Partido Verde y del Partido
del Trabajo que tampoco son diferentes a las que establecieron antes con el PRI
y con el PRD y que continuaron con Morena, sino con la decisión de Palenque de
imponer un modelo electoral que pudiera ser válido con negociaciones hacia la
oposición, pero que no quiere modificar ni una sola coma en tanto que busca
reproducir en el poder legislativo y las gubernaturas el esquema populista que
se impuso con todo éxito aunque sin credibilidad en el Poder Judicial. Lo que se puede percibir al interior de la coalición
dominante no es un resurgimiento de la oposición antipopulista, sino, primero,
la desarticulación del grupo lopezobradorista que estaría pasando la cuenta de
compromisos no cumplidos en el proceso de designación de la candidatura
presidencial de 2024 y desde luego la inevitable lucha interna tribal al
interior de Morena y sus aliados para la definición de la candidatura
presidencial de 2030 pasando previamente por el proceso intermedio de 2027. Estos sobresaltos no deben ser interpretados como una
ruptura en las alianzas alrededor de López Obrador, sino que revelarían la
irrupción inevitable de las reglas del juego político priista -presidencialista
y transexenal- que han seguido vigentes durante el corto periodo cardenista y
se han convertido y mecanismos estructurales en el largo período de dominio
lopezobradorista. Aunque se niegue de manera vehemente, detrás del modelo
presidencial de López Obrador persiste -y su victoria tiene que pasar por el
reconocimiento de estas características- el esquema de reglas del juego del
poder presidencial que se inauguraron desde 1876 con el método del presidente
Porfirio Díaz, que se revalidaron en 1924-1928 con el presidente Álvaro
Obregón, que vistieron la casaca del “minimato del maximato” de Plutarco Elías Calles
-apenas ocho años- y que el modelo priista de Ávila Camacho a Enrique Peña
Nieto utilizó como esquema de funcionamiento político, sin olvidar que el
presidente mexiquense dedicó su tesis de licenciatura justamente al modelo
Obregón de ejercicio del poder presidencialista. Morena tenía todo el escenario político de la estructura
electoral de Salinas-Zedillo-José Woldenberg-Peña Nieto-PAN-Lorenzo Córdova
Vianello para encarar sin problemas de mayoría calificada las elecciones
legislativas de 2027, pero la insistencia en modo de necedad del presidente
emérito López Obrador de imponer una nueva reforma electoral desajustó los
espacios sociales y políticos de las votaciones federales próximas y le regaló -con
todo y moño- a la oposición neoconservadora disfrazada de socialdemocracia
aguada un tema de discusión que estaría debilitando la continuidad del modelo
lopezobradorista por dos sexenios más. Política
para dummies: La política deja de ser política cuando se olvida de la
política.
