Restaura la 4T el sistema/régimen/Estado/Constitución en modo PRI
CARLOS RAMÍREZ
Jueves 05 de Marzo de 2026 2:13 pm
Desde el inicio de su
participación opositora en la Jefatura de gobierno del DF en el 2000, Andrés
Manuel López Obrador comenzó a hablar de una cuarta transformación del régimen.
La reforma electoral 2026 no viene a culminar el proyecto, porque es la
reorganización del viejo régimen priista-populista que funcionó de 1929 a 1982
y que fue desviado hacia un neoliberalismo de mercado de 1983 a 2018. El régimen mexicano se
movió en estos dos universos: el populista-social, que reventó por déficit
presupuestal, y el neoliberal-Pronasol, que dejó de funcionar una eficacia
cuando no pudo recuperar la tasa de crecimiento de 6 por ciento y que
multiplicó el empobrecimiento de la sociedad a la que antes medio satisfacía el
Estado populista. La estructura priista del
sistema/régimen/Rstado/Constitución se puede explicar de manera muy sencilla.
Tuvo seis piezas clave como aparato de dominación: presidente de la República,
partido hegemónico, bienestar social, sectores invisibles que lo legitimaron,
cultura política basada en el discurso de la Revolución Mexicana y sostenida
por el aparato ideológico del Estado que representaba la educación y los libros
de texto gratuito y la Constitución. En 1972, el historiador
Daniel Cosío Villegas -que este año se recuerda el medio siglo de su
fallecimiento- estableció la clave o el secreto de funcionamiento del sistema
priista en la interrelación entre los dos pivotes del poder: el presidente de
la República y el PRI, pero con el hecho de que el presidente era al mismo
tiempo el jefe máximo del PRI y a través de esa Jefatura aprobada legisladores,
gobernadores, alcaldes y controlaba la estructura corporativa que el presidente
Lázaro Cárdenas pensó como modelo político-ideológico y como aparato de control
de las clases productivas en modo de masas. El autoritarismo
presidencialista se sostenía por el uso de cinco instrumentos de poder: la
fuerza –PGR, Fuerzas Armadas, seguridad nacional-, el poder económico a través
de un presupuesto centralizado en el Ejecutivo y aprobado sumisamente por el
legislativo, la dominación absoluta del Poder Judicial y del Poder Legislativo
vía candidaturas desde el poder presidencial y dinero de campaña para evitar
sorpresas democráticas, el control de la democracia electoral a través de la
Comisión Federal Electoral en modo Manuel Bartlett Díaz y luego el IFE y el INE
con una estructura y servicio civil aprobado desde el Ejecutivo y la mayoría
calificada en las dos Cámaras para modificar la Constitución al gusto
presidencial. La clave de la fortaleza
autoritaria del presidencialismo mexicano se basaba en que ese poder dominaba
espacios que debieron ser autónomos e inclusive hasta de oposición y el
mecanismo fue el del verticalismo del Ejecutivo por el control de la fuerza, la
represión y la coerción. Los diez sectores que debieron de haber configurado un
equilibrio opositor autónomo se subordinaban como sectores invisibles -aunque
muy visibles- del régimen priista: la prensa, los intelectuales, el PAN como
oposición leal y no alternativa, los empresarios dominados por la coerción
fiscal, la embajada de Estados Unidos que prefería entenderse con el PRI y el
presidente, las comunidades indígenas como coartada histórica, la Iglesia
Católica que regresó al redil después de la guerra cristera por la intervención
sistémica del embajador de Estados Unidos, los movimientos sociales acotados
por granaderos o policías, los poderes fácticos –disidentes, armados, crimen
organizado, cacicazgos locales- que pudieron prosperar porque eran necesarios
para el régimen y la burocracia del sector central y de los gobiernos estatales
a través de sindicatos subordinados al poder presidencial. Esta estructura se está
reconstruyendo en el modelo lopezobradorista de reorganización del
sistema/régimen/Estado/Constitución como 4T, y nada ilustra más la certeza de
estas percepciones que la captura de la independencia relativa que tenía en la
Corte en los tiempos priistas y que hoy no es más que un Poder Judicial al
servicio del proyecto sistémico de Morena. La reconstrucción del
proceso político de fortalecimiento del régimen priista también permite
explicar el proceso progresivo de la reforma lopezobradorista: el modelo
militar 1929-1938, la corporativización de las clases productivas por sectores
en 1938-1946, el Estado priista 1947-1970 que aceptó la economía mixta con un
empresariado subordinado al poder estatal, el regreso del Estado dominante
1970-1982 y el sistema/régimen/estado/Constitución en modo neoliberal salinista
en 1982-2018. Política para dummies: la
política cuando no es política se convierte en círculo vicioso.
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