Gurru miau
MARÍA EUGENIA GONZÁLEZ PEREYRA
Viernes 06 de Marzo de 2026 2:01 pm
RECUERDO
que cuando éramos niños, uno de mis hermanos tenía una costumbre peculiar con
una de nuestras queridas tías. En cuanto ella llegaba de visita, él se le
acercaba, le maullaba y se restregaba cerca de ella. Cuando le cuestionamos su
proceder, la respuesta fue sencilla y tierna: quería que ella se sintiera
querida, porque sabía que extrañaba a sus gatos. Todos en familia sonreímos;
sabíamos que era un juego. Pero lo que hoy se ve en las redes es algo muy
distinto. Existe
una tendencia creciente, en especial entre los jóvenes, que han decidido
identificarse como animales y ya no como seres humanos. Esto no es nuevo; viene
sucediendo desde los años noventa, pero con la llegada de TikTok e Instagram
salieron de lo digital y llegaron a las calles, invadiendo parques; unos muy
educados con su correa y otros todos sueltos y brincando, buscando quizás por
ahí un huesito al cual roer. Estos grupos se autoidentifican como los Therianos,
que creen ser un animal atrapado en cuerpo humano; los Furries, alter ego
animal de sus fursonas; y los Otherkin, que creen que su naturaleza habita un
espacio místico ajeno a lo humano, como elfos, ángeles o hadas. Lo que es
seguro es que todos buscan sentirse acogidos y aceptados; su número aumenta
cada día, y a veces llegan al extremo de agredir a otras personas. Una
revisión científica publicada en 2025 analizó 77 casos de zooantropía clínica,
el término psiquiátrico para el trastorno delirante en que alguien cree haberse
transformado en un animal con pérdida real del juicio de realidad. Los
investigadores distinguieron entre quienes padecen un trastorno psiquiátrico
genuino, quienes adoptan una identidad animal sin perder contacto con la
realidad, y un tercer grupo: personas que sin tener un diagnóstico
psiquiátrico, en la soledad de las redes y vulnerables, deciden también
autoidentificarse fuera de lo humano. La
pregunta que vale la pena hacernos es: ¿qué vacío nos lleva a identificarnos
como animales sin tener ningún trastorno psiquiátrico? Podemos
comprender y respetar la necesidad de identidad; quizás la pandemia aceleró
esta falta de mirada interna. Pero permitirlo por respeto o agredirlo por miedo
no es la solución. Detrás de cada cola postiza y cada ladrido en público hay
dolor emocional no resuelto, traumas que no encontraron espacio seguro para ser
nombrados, una necesidad urgente de pertenecer a algo que los vea y los
contenga. Quienes no entran en el cuadro psiquiátrico pueden retomar su vida
humana de mejor manera; solo necesitan ser mirados. Innovemos
algo ya. Antes de juzgar a quien ladra en el metro o maúlla en el salón de
clases, preguntémonos qué tan bien hemos sabido mirar a esa persona. Y si eres
tú quien siente que solo en una piel que no es la tuya puedes existir, hay algo
más profundo esperando ser escuchado. Para eso existe la terapia; no para
quitarte quien eres, sino para ayudarte a encontrarlo.
innovemosalgoya@gmail.com
