Letras y números
JOSÉ ÁNGEL BRAMBILA LEAL
Don Baldo: Una tuba de 95 años
Lunes 09 de Marzo de 2026 1:50 pm
Y ahí estábamos, en la
esquina de la Zapatería Rodríguez, por las calles Revolución y Victoria,
disfrutando un vaso de deliciosa tuba, pero, sobre todo, disfrutando de ese cariño
que Baldo tenía para todos los que teníamos el gusto de convivir con él en
innumerables ocasiones. Al pie de su balsa recordábamos aquellos lejanos días
de sus visitas casi nocturnas al Banco de Zamora, en los días del cierre
mensual, pues Baldo sabía que ahí estaríamos trabajando hasta las primeras
horas del día siguiente. Muchachos, vengo a estas
horas para que tomen tuba y puedan aguantar “la chinga” que van a llevarse toda
la noche. Y sí, quienes ahí estábamos, éramos una muchachada que lo queríamos
también “un chingo”, pero eso no impedía que le hiciéramos la broma de esconderle
la balsa, tal y como lo hacían los estudiantes de la Universidad de Colima,
donde, en una ocasión, algunos de ellos lo distrajeron mientras la balsa subía
por las cuerdas de la asta de la bandera y, cuando volteó la vista y vio que la
balsa había desaparecido, se rascaba la cabeza y les rogaba que se la
devolvieran. Cuando alguien le indicó dónde estaba, se rascó la cabeza y empezó
a reírse: “ah, cómo son cabrones, ya bájenmela”. De inmediato la bajaron y
cuando la recibió con una sonrisa, le brindaron un aplauso y todos los
muchachos le compraron un vaso de tuba en desagravio, mientras sus ojos
llorosos sólo atinaban a sonreírles. “Toma tuba, mi niño, pa’
que se te quite lo nango”; “no tomes Kulei, porque te vuelves más güey”. Ya
cuando finalizó el siglo anterior e inició el actual, nuestro querido Baldo,
con sus 70 años a cuestas, era uno de los hombres más felices de la ciudad. Las
circunstancias lo habían hecho adoptar una nueva forma de marketing:
“Muchachos, tomen tuba y estudien pa’ que sean fregones: miren, Fernando
estudiaba en la Universidad, pero diario tomaba tuba y llegó a ser rector y
luego gobernador”. Las risas afloraban en los muchachos y le devolvían
afectuosamente los comentarios. A algunos les parecerá
descabellado, pero personajes como Baldo permiten que los pueblos sean más
felices. Bastaba estrechar las manos callosas de aquel hombre, bueno por los cuatro
costados, para retirarnos con una sonrisa y sentir una sabrosura en el alma,
sabiendo que hay gentes que nos alegran la existencia porque han formado parte
de nuestras vidas. En Colima hemos tenido grandes personajes que le han dado
lustre a la ciudad. Baldo es sobresaliente y por ello hablaremos con el
presidente Riult Rivera y su cabildo para que una vialidad lleve su nombre.
Ojalá y la gobernadora también se haga eco de esta propuesta, porque, como
Fernando, ella también debe haber tomado un vaso de la tuba de Baldo. ¡Que los escalones de tu
palma te lleven al cielo, querido Baldo! ¿Gusta opinar? Lo espero
en Las Mentadas.
jbrambilaleal@yahoo.com.mx
