¿Cómo se explica el aumento de las gasolinas en México?
DAVID VILLARREAL ADALID
Martes 24 de Marzo de 2026 12:34 pm
EL
reciente aumento en los precios de las gasolinas en México refleja cómo nuestro
país sigue atado a los vaivenes globales del mercado energético. A eso se suman
decisiones políticas que buscan suavizar el impacto para la población. En
las últimas semanas la tendencia ha sido clara. La gasolina premium subió
alrededor del 12.7 por ciento entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, mientras
que el diésel aumentó casi un 10 por ciento en el mismo periodo. Este
encarecimiento responde al fuerte repunte del precio internacional del
petróleo. Las tensiones geopolíticas, sobre todo en Medio Oriente, han llevado
el barril a superar los 100 dólares en varios momentos de marzo de 2026. En
México, el gobierno actúa para evitar que ese incremento llegue completo al
consumidor. Lo hace principalmente reduciendo el IEPS, el Impuesto Especial
sobre Producción y Servicios. Lo que ahorramos en la bomba lo termina cubriendo
el erario. La
estrategia actual es doble. Aplican subsidios importantes, hasta un 61.8 por
ciento en el diésel (equivalente a unos 4.55 pesos por litro) y más del 24 por
ciento en la gasolina regular (alrededor de 1.61 pesos por litro). Además,
negocian acuerdos informales con las gasolineras para mantener la Magna por
debajo de los 24 pesos por litro. Con esto el precio promedio nacional de la
Magna se ha estabilizado alrededor de 23.67 pesos por litro en la tercera
semana de marzo de 2026. Sirve como amortiguador inmediato, pero crea un dilema
fiscal a mediano plazo. Sostener estos apoyos implica renunciar a ingresos
públicos en un momento de presión presupuestaria creciente. El
problema de fondo es estructural. México exporta crudo en grandes cantidades,
pero importa la gran mayoría de los combustibles refinados que consumimos. Esta
paradoja significa que, cuando el petróleo sube, el país gana por las
exportaciones y pierde al pagar más caro las gasolinas importadas. En la
práctica esto genera una transferencia regresiva. El Estado subsidia el consumo
para contener la inflación, pero usa recursos que podrían destinarse a
escuelas, hospitales o carreteras. Mirando
hacia atrás, el precio de la gasolina lleva décadas subiendo. A inicios de los
2000 se pagaban entre 8 y 9 pesos por litro; hoy supera los 23 pesos. Ese
aumento va más allá de la inflación. Responde a cambios profundos como la
liberalización de precios, transformaciones en el régimen energético y ajustes
fiscales acumulados. Por
eso el debate central gira en torno a quién absorbe el costo. El consumidor a
través de precios más altos o el Estado, y con él todos nosotros, mediante
subsidios que restringen el gasto público futuro. México
enfrenta una disyuntiva típica de los países dependientes de hidrocarburos.
Asumir el precio real de la energía ahora, con riesgo inmediato de inflación, o
postergarlo con subsidios que erosionan las finanzas públicas a mediano plazo.
Ninguna opción es gratuita. Ambas formas terminan siendo distintas maneras de
pagar la misma factura.
*Presidente
de la Asociación de Egresados de Economía Ucol
