Derrames y crisis sin responsables
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
Jueves 26 de Marzo de 2026 1:13 pm
No han sido
uno ni dos ni tres los derrames de crudo que están afectando toda la costa del
golfo de México. Desde inicios de marzo se han detectado más de una docena de derrames que
dañan al menos 39 comunidades costeras de Veracruz y Tabasco y que se han
extendido hasta Tamaulipas. Pero ni el Gobierno Federal ni Pemex se hacen
responsables, atribuyendo la tragedia a terceros o simplemente a las
condiciones del clima. Las denuncias
las han realizado organizaciones como la Red del Corredor Arrecifal y
Greenpeace que reportan unos 630 km de línea de costa contaminada, desde
Paraíso,
en Tabasco, donde se ubica la refinería de Dos Bocas,
hasta Tamiahua en
Veracruz, cubriendo prácticamente todo el Corredor Arrecifal del Suroeste
del Golfo. Se han
documentado manchas de chapopote en playas, redes y zonas de pesca; lo mismo
que animales muertos por la contaminación. No se aceptan responsabilidades,
pero se creó una comisión interinstitucional para atender la crisis ambiental
mientras las autoridades son acusadas de sufrir una “crisis de transparencia”
al no informar sobre el origen, el
volumen y el plan de atención de los derrames. A días del
inicio vacacional de Semana Santa, la limpieza se ha concentrado en las zonas turísticas, mientras que en las
comunidades pesqueras la contaminación permanece en playas, manglares y
lagunas. pero lo más grave es que no haya información confiable sobre lo que
está sucediendo, sobre el volumen derramado, las
trayectorias de las manchas, sus orígenes y
sobre los riesgos a corto y largo
plazo para arrecifes y pesquerías. Según las
Organizaciones No Gubernamentales, el derrame afecta 17 arrecifes de coral del
Suroeste del Golfo, un ecosistema clave para biodiversidad y pesca. Las comunidades pesqueras han suspendido parcial o total sus
actividades por la contaminación, con pérdidas económicas relevantes, pero que no han
sido cuantificadas por las autoridades y que incluso son minimizadas como lo ha
hecho la gobernadora Rocío Nahle, que se refiere a los derrames como simples
“manchitas”. Las tragedias
ambientales se acumulan. En julio
de 2023 se documentó un fuerte derrame de crudo
asociada al campo Ek‑Balam, frente a Campeche; Pemex la atribuyó
a un “fenómeno natural”, pero estudios independientes y
organizaciones estimaron un área contaminada de cientos de km cuadrados En 2025 un
derrame de más de 300 barriles de petróleo afectó unos 7 km de costas de Tabasco en una zona con áreas naturales protegidas; al
menos mil 500 pescadores vieron paralizadas sus actividades durante semanas. Existe un subregistro de alrededor del
60 por ciento de
los derrames en el Golfo en los últimos seis años, comparando reportes oficiales con imágenes satelitales y denuncias
comunitarias. Ahora,
nuevamente se rehúye la responsabilidad de la empresa cuando estamos ante una
tragedia ambiental evidente. Tampoco se reconoció responsabilidad en la
explosión que dejó cinco muertos días atrás en Dos Bocas, derivada, una vez
más, de una fuga en la refinería, mientras la población de la zona denuncia los
riesgos que está corriendo. Y es que Pemex
sigue atenazada por pérdidas
enormes y recurrentes, una deuda muy alta (incluyendo la que mantiene con
proveedores), una dependencia masiva de apoyos fiscales y un deterioro
operativo que le impide generar flujo suficiente para asumir siquiera sus
deudas y costos de operación. En 2025 Pemex
registró pérdidas por más de 377 mil millones de pesos, la
deuda financiera era de
84 mil 500
millones de dólares, mientras que la deuda con
proveedores ronda los 25 mil millones de dólares.
Entre 2019 y
2024, el gobierno de López Obrador
destinó al menos
1.49 billones de pesos en apoyos a Pemex,
vía reducción de impuestos, aportaciones de capital y coberturas. La baja producción,
combinada con refinerías que siguen siendo poco
rentables, han reducido el flujo operativo y vuelve más difícil pagar la deuda y financiar inversiones.
