Garrapatas: un problema silencioso que tiene solución
JUAN AUGUSTO HERNÁNDEZ RIVERA*
Jueves 26 de Marzo de 2026 1:12 pm
En
muchas unidades de producción ganadera de Colima, la presencia de garrapatas
suele asumirse como algo “normal”. Sin embargo, ¿qué tanto estamos
dimensionando su verdadero impacto? Detrás de ese pequeño parásito hay pérdidas
productivas, riesgos sanitarios y costos crecientes de control. Desde hace
décadas se sabe que la garrapata del ganado Rhipicephalus (Boophilus)
microplus es uno de los ectoparásitos más importantes en regiones
tropicales y subtropicales como la nuestra, afectando la ganancia de peso, la
producción de leche y la calidad de la piel, además de transmitir enfermedades.
La pregunta no es si está presente, sino cómo la estamos enfrentando hoy. En
la práctica, el control se ha basado principalmente en el uso de productos
químicos. Durante años, los organofosforados, piretroides sintéticos y amitraz
han sido herramientas comunes en el rancho. No obstante, el uso continuo y, en
muchos casos, indiscriminado de estos compuestos ha favorecido la aparición de
resistencia en las poblaciones de garrapatas. Este fenómeno no es nuevo: en
México se documentó resistencia a organofosforados desde la década de 1980,
posteriormente a piretroides en los años 90 y más recientemente a amitraz. Esto
explica por qué tratamientos que antes funcionaban hoy parecen “ya no hacer
efecto”, obligando a incrementar dosis o frecuencia, lo cual eleva costos y
riesgos. Además
del tema de resistencia, el control químico presenta otras limitantes: residuos
en productos de origen animal, impacto ambiental y dependencia de insumos
externos. En este contexto, surge la necesidad de replantear estrategias, no
para sustituir completamente lo existente, sino para integrar alternativas más
sostenibles. Aquí
es donde la ciencia ofrece opciones interesantes. Estudios realizados en
condiciones de laboratorio y campo en México han demostrado que ciertos hongos
entomopatógenos, como Metarhizium anisopliae, pueden infectar y provocar
alta mortalidad en larvas de garrapata. En evaluaciones experimentales, algunos
aislamientos lograron mortalidades cercanas al 100 por ciento en condiciones
controladas. Pero más relevante aún es lo observado en campo: dependiendo de la
formulación, se han reportado reducciones de hasta 94 por ciento en la
población de larvas en pasturas tratadas. Un
aspecto clave de estos resultados es que no solo importa el agente biológico,
sino la forma en que se aplica. Por ejemplo, formulaciones sólidas utilizando
salvado de trigo mostraron mayor eficacia que otras presentaciones,
posiblemente porque favorecen la persistencia y multiplicación del hongo en el
ambiente. Esto abre la puerta a estrategias más adaptadas a las condiciones
reales de las unidades de producción, donde factores como temperatura, humedad
y tipo de pastura influyen directamente en los resultados. Lo
anterior no significa que exista una solución única o inmediata. El control de
la garrapata debe entenderse como un manejo integral: uso estratégico de
acaricidas, rotación de principios activos, monitoreo de infestaciones, manejo
del pastoreo y, cada vez más, incorporación de herramientas biológicas. La
clave está en combinar, no en depender de una sola medida. Al
final, la garrapata no es sólo un problema sanitario, sino un indicador de cómo
estamos gestionando nuestros sistemas productivos. Atenderla con enfoque
técnico y preventivo no sólo mejora la productividad, sino que también
fortalece la sostenibilidad de la ganadería regional. La
invitación es clara: observar, medir y decidir con base en evidencia. Porque en
la medida en que entendamos mejor a este parásito, estaremos en mejores
condiciones de controlarlo de forma eficiente, responsable y rentable.
*Profesor Investigador de Tiempo Completo
de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de Colima.
