Cargando



Con el alma partida



MARÍA EUGENIA GONZÁLEZ PEREYRA


Lunes 30 de Marzo de 2026 9:26 am


Ayer en México, un adolescente, estudiante de bachillerato, le arrebató la vida con un rifle AR-15 a dos maestras, dentro de su propia escuela. En un espacio que se presupone contenido, seguro y cómodo, para confiar a nuestros hijos a sus paredes y sus aulas.

En el escaparate de las redes sociales, este pequeño, casi un niño, posó sosteniendo un arma. La subió junto con videos y mensajes de odio y misoginia. Nadie lo vio. Nadie lo notó. No llamó la atención a tiempo; tuvo que ser demasiado tarde para que alguien lo mirara.

¿Qué puede llevar a un joven que apenas está empezando a conocer su vida futura a cometer dos asesinatos a sangre fría? ¿De qué tamaño puede ser su desesperación? ¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Hasta dónde vamos a permitir que esto siga desmoronándose? Quizás él buscaba autoidentificarse dentro de un grupo que parte de un profundo dolor de identidad; ahí se encontró con los Incels. Así se llaman en inglés: célibes involuntarios. Hombres que se sienten o se creen insuficientes para ser atractivos a las mujeres, y que han derivado en un juego macabro de misoginia, violencia y muerte. Es absurdo: en plena adolescencia, ya cargando la identidad de un hombre rechazado. ¡Por Dios!

¿Por qué vincularse con algo que duele tanto? ¿Por qué llenar los vacíos a través de estímulos sórdidos y negativos, a través del dolor y la muerte? ¿Es desesperanza o es vacío lo que lo habitaba?

Pero este muchacho no llegó solo a ese lugar. En los noventa, el desahogo de jóvenes solitarios que se autonombraron célibes involuntarios se fue haciendo comunidad, tribu digital, y ahí algo se descontroló. Odio, frustración, falta de comprensión, desentendimiento sobre la sexualidad y la sensualidad le dieron nombre, le dieron bandera. Entregaron un enemigo: la mujer. Una soledad sin brújula que elige cualquier espacio que le diga: aquí te entendemos, aquí perteneces. Y eso lo acabamos de ver ayer.

¿Hasta dónde hemos destejido la red que nos contiene en lo íntimo y en lo social? En aras de ser muy modernos, nos hemos olvidado que nutrir, que amamantar a nuestros pequeños toma mucho más que dos o tres meses o un año. Nuestros niños están solos, están rotos. Urge que papás, mamás, jóvenes busquen sanar sus heridas propias para no seguir pasando la estafeta de una herencia maldita que no hemos pedido, pero que nos viene de atrás. Nos estamos rompiendo.

Si papás y mamás se atrevieran a trabajar sus propias emociones, a sanar las heridas que vienen de su propia infancia, el futuro brillante que anhelan para sus hijos podría dejar de ser un sueño lejano. Con terapia, con mejores herramientas, con más presencia real.

Es tiempo de que innovemos algo ¡ya! De buscar sanar las heridas, de abrazar -no con lástima, sino con compasión, con instrucción e información- a tantos jóvenes que buscan identidad y pertenencia en los lugares equivocados.

Me quedo así, con el alma partida tan sólo de pensar cuán denso es el vacío que  nos ahoga desde adentro.

 

innovemosalgoya@gmail.com

 

*Terapeuta emocional