Manzanillo y el derecho a la riqueza compartida
RUBÉN DARÍO VERGARA SANTANA
Miércoles 01 de Abril de 2026 10:49 am
MÉXICO construye el país desde
su territorio, desde los puntos donde la nación se presenta ante el mundo. Los
puertos son la primera puerta de entrada, la cara visible del país, la imagen
que recibe al extranjero antes de cualquier explicación oficial. Pero esa representación no sólo
ocurre en el territorio. También ocurre fuera de él. Las embajadas y consulados
son la extensión del Estado mexicano en el exterior. Son la voz, la imagen y el
trato que define cómo se percibe al país. El perfil de quienes encabezan esas
representaciones es determinante. Un embajador no sólo administra relaciones,
representa dignidad, capacidad y seriedad institucional. Manzanillo es uno de esos
puntos, y su historia lo demuestra. El ciclón de 1959 no sólo destruyó
infraestructura y vidas, obligó al Estado mexicano a intervenir directamente en
el territorio. La devastación fue profunda. Había que reconstruir. La Ley para el Funcionamiento
de las Juntas Federales de Mejoras Materiales, expedida en 1948, disponía en su
artículo 7 que el patrimonio de dichas juntas se integraría, entre otros
conceptos, con un porcentaje adicional sobre los impuestos al comercio exterior,
destinado al territorio donde se generaban esos ingresos. No era subsidio, era
retorno. Ese modelo permitió que el
puerto no sólo se levantara, sino que se transformara. Se construyó
infraestructura de salud, se ampliaron zonas urbanas, se desarrollaron
viviendas, se ganaron terrenos a las lagunas y se organizaron servicios
públicos. La Junta operaba directamente e incluso administraba sistemas de agua
potable y drenaje que posteriormente fueron transferidos a instancias locales. Pero ese modelo se desmontó.
Con ello desapareció el vínculo directo entre el comercio exterior y la
inversión territorial, consolidándose un sistema de coordinación fiscal que
concentra los ingresos en la Federación. Aquí está el punto de fondo.
México es una Federación, no un sistema centralista. La soberanía se ejerce a
través de sus órdenes de gobierno. El municipio es base constitucional del
Estado mexicano; sin embargo, en la práctica, su capacidad financiera depende
en gran medida de las transferencias federales. Hoy el esquema se rige por la
Ley de Coordinación Fiscal, que en su artículo 2-A establece una participación
del 0.136 por ciento de la recaudación federal participable para municipios
portuarios y fronterizos. Este modelo responde a una lógica distributiva, pero
no incorpora plenamente realidades territoriales específicas. No es equivalente
un municipio que administra servicios básicos a uno que sostiene
infraestructura estratégica de carácter nacional. México ya tuvo un modelo en el
que el territorio participaba directamente de la riqueza que generaba. Las
Juntas no constituían un privilegio, sino el reconocimiento jurídico de la
función estratégica de determinados espacios. Una mayor participación fiscal
para territorios estratégicos como Manzanillo no debe entenderse como concesión
política, sino como inversión estructural orientada a fortalecer la autonomía
financiera local. Si el municipio y el estado reciben una proporción más
equilibrada de la riqueza que contribuyen a generar, pueden traducirla en
infraestructura, servicios, ordenamiento urbano, empleo y formalidad. Esto
amplía la base tributaria, incrementa la recaudación propia, contribuye a
reducir condiciones de pobreza y disminuye la dependencia respecto de la
Federación. La Ley de Puertos reconoce que
el desarrollo portuario no puede desvincularse del entorno urbano y prevé
mecanismos de coordinación entre Federación, estado y municipio. Sin embargo,
dicha coordinación no se encuentra acompañada de un esquema financiero proporcional
que permita materializar ese principio.
Si
el puerto es la puerta de entrada al país, la ciudad que lo rodea debe estar a
la altura. Debe ser habitable, funcional y digna. Debe proyectar orden,
infraestructura y calidad de vida, no como aspiración, sino como una exigencia
inherente al desarrollo nacional.
