2 de abril: el autismo no se ilumina, se respeta
VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ
Lunes 06 de Abril de 2026 9:38 am
CADA 2 de abril veremos
edificios iluminados, moños, publicaciones bien intencionadas y discursos de
“conciencia”. Visibilizar ayuda, sí. Pero la verdad incómoda es ésta: cuando
termina el día, muchas personas autistas siguen enfrentando lo mismo: rechazo,
ignorancia, barreras y un mundo que les exige encajar sin que el entorno haga
el mínimo esfuerzo por comprenderlas. El autismo no necesita
campañas bonitas. Necesita respeto y derechos garantizados: escuelas que
incluyan de verdad, servicios de salud dignos, espacios públicos accesibles y
trabajos donde no se discrimine. La Organización Mundial de la Salud define el
autismo como un conjunto diverso de condiciones del desarrollo del cerebro, con
diferencias en la comunicación social y en el comportamiento. También estima
que, a nivel global, aproximadamente una de cada 115 personas es autista. No es
un tema “raro”: es parte de nuestra realidad. Y hay que decirlo sin
rodeos: la inclusión no puede seguir siendo adorno. La Unesco señala que la
educación inclusiva exige identificar y eliminar barreras para que todos puedan
acceder y participar plenamente. Si la escuela no ajusta, si expulsa al que
“incomoda”, si confunde inclusión con “aguantar”, entonces no hay inclusión;
hay simulación. La paciencia no es política pública. La paciencia no reemplaza
maestros capacitados, apoyos, materiales, ni un trato humano. Este día, además, debe
reconocer a quienes han sostenido la causa sin aplausos, sin presupuesto y
muchas veces sin permiso: madres y padres que se vuelven terapeutas y gestores;
hermanos que crecen rápido y se vuelven acompañantes incondicionales; personas
autistas que han tenido que explicar su existencia donde otros sentencian; y
profesionales comprometidos que han puesto el cuerpo para que alguien avance un
paso más. Porque el autismo no es un “problema” que se arregla: el problema es
el entorno cuando excluye. La discapacidad también vive en una puerta cerrada,
una regla rígida, una burla, un “aquí no”. Por eso, este 2 de abril
hago una petición pública: que se respete el decreto en Colima para iluminar de
azul los lugares emblemáticos y que se respete abril como Mes del Autismo en
Colima. Pero no “por el color”. Por lo que simboliza: tres décadas de trabajo
real para que esta comunidad deje de ser invisible, en especial el esfuerzo
sostenido desde la Fundación de Autismo TATO cuando era más fácil ignorar que
actuar. Y que quede claro: en
derechos humanos el titular de la obligación es el Estado. Salud, educación,
accesibilidad e inclusión laboral no son favores: son derechos. Pero empresas y
sociedad también somos responsables: el trato, las oportunidades, los ajustes
razonables y la accesibilidad cotidiana pasan por nosotros. Si, como ha dicho
Naciones Unidas para 2026, “toda vida tiene valor”, entonces la inclusión se
demuestra con condiciones reales, no con likes. Si de verdad queremos
honrar este día, cambiemos la pregunta: no “¿cómo se comporta?”, sino “¿qué
necesita?”; no “qué lástima”, sino “¿qué hacemos?”. Menos símbolos, más
congruencia. Porque las personas autistas no necesitan un homenaje de un día;
necesitan un lugar legítimo todos los días. Y ese lugar lo construimos juntos,
con respeto y acción. El autismo nos une.
*Director Ejecutivo de la
Fundación de Autismo TATO y vicepresidente de Responsabilidad Social ante la
Canaco Colima
