Bahía Beat 2026
VLADIMIR PARRA BARRAGÁN
Lunes 06 de Abril de 2026 9:34 am
Hay momentos en los que
un lugar cambia de ritmo. No porque se transforme físicamente, sino porque
quienes lo habitan lo resignifican. Algo así se vivió durante
Bahía Beat 2026 en Manzanillo, en plena Semana Santa se abrió de manera natural
a otras formas de estar, de compartir y de disfrutar. Caminar por el festival
era ver grupos de amigas y amigos, parejas jóvenes, familias con hijas e hijos
pequeños, pero también otras configuraciones más diversas que reflejan cómo ha
cambiado la vida cotidiana. Había música, sí, pero también una sensación
constante de comunidad: gente apropiándose del espacio público sin barreras,
sin distancias, sintiéndose parte. Durante
mucho tiempo, la Semana Santa ha sido pensada como un periodo familiar en un
sentido muy específico. Y aunque esa forma sigue vigente, hoy convive con
nuevas dinámicas. Las familias jóvenes, las redes de amistad
que también se vuelven familia, las personas que buscan espacios culturales
accesibles, todas ellas encuentran en eventos como éste una oportunidad para
reunirse. En ese contexto, Bahía
Beat no se sintió como un evento impuesto, sino como algo que encajaba con lo
que la gente ya estaba buscando: espacios abiertos, actividades culturales,
música y convivencia sin exclusiones. La playa, el malecón, el entorno, todo parecía
integrarse en una misma experiencia. Detrás de esto también
hay un proceso más amplio. En los últimos años se ha puesto sobre la mesa la
importancia de recuperar y dignificar los espacios públicos, no sólo como
infraestructura, sino como lugares vivos. Es una idea que ha ido tomando forma
dentro de la Cuarta Transformación: que lo público debe estar al alcance de
todas y todos, y que la cultura y el esparcimiento son parte del bienestar. Lo que se vio en
Manzanillo es una expresión de esa visión llevada a la práctica. La iniciativa
impulsada por Rosi Bayardo logró reunir a distintas generaciones en un mismo
lugar, pero con un énfasis especial en las juventudes, no como un sector
separado, sino como parte activa de la comunidad. Al final, más allá de los
escenarios o de los artistas, lo que queda es la sensación de haber compartido
un espacio común. De haber estado en un lugar donde distintas formas de vivir y
de convivir pudieron encontrarse sin tensiones, simplemente coexistiendo. Bahía
Beat 2026 dejó eso: la idea de que los espacios públicos pueden volver a
sentirse nuestros cuando se abren, cuando se llenan de vida y cuando reflejan
la diversidad de quienes los habitan.
*Director de Ciapacov
