¿Por qué invalidamos las emociones de nuestros hijos?
MAYRA ALEJANDRA JASSO SOSA*
Martes 07 de Abril de 2026 10:16 am
Destacado:
“Hoy más que nunca, es
momento de cambiar esa ideología. Es momento de romper con creencias injustas
que nos limitaron y que ahora, si no hacemos algo diferente, seguirán
repitiéndose generación tras generación” ¿Te has puesto a pensar
en esto? ¿Te suenan familiares algunas de estas frases?: “Ya pues, no es para
tanto”, “Te voy a dar motivos para llorar”, “Cálmate o te calmo”, “Te estás
ahogando en un vaso de agua”, “Estás exagerando”… Y podríamos seguir con una
larga lista. La realidad es que muchos
de nosotros crecimos escuchando estas palabras. Forman parte de una cultura en
la que se nos enseñó a reprimir lo que sentimos, a esconder las emociones y a
ver el llanto como una señal de debilidad. Especialmente a los hombres se les
enseñó a “no llorar”, a “aguantarse”, a “ser fuertes”, como si sentir fuera
algo incorrecto. Pero, ¿qué pasa cuando
repetimos esto con nuestros hijos? Sin darnos cuenta, invalidamos su mundo
emocional. Minimizar lo que sienten les manda un mensaje muy claro: “lo que
sientes no importa” o “no deberías sentirte así”. Y esto no solo duele, también
desconecta. Nuestros hijos no dejan de sentir… solo dejan de expresarlo con
nosotros. Hoy más que nunca, es
momento de cambiar esa ideología. Es momento de romper con creencias injustas
que nos limitaron y que ahora, si no hacemos algo diferente, seguirán
repitiéndose generación tras generación. Validar no significa
estar de acuerdo con todo. Significa reconocer la emoción del otro. Significa
mirar a tu hijo y decirle: “Entiendo que para ti esto fue difícil”, “Veo que
estás triste”, “Sé que te dolió mucho”, “¿Quieres un abrazo? Estoy aquí contigo”.
Desde ahí, desde la conexión, es donde realmente podemos guiar. Ahora bien, también es
importante acompañar cuando hay un berrinche. Validar no es permitir todo.
Podemos decir: “Sé que estás enojado, pero no es correcto pegar”, “Entiendo que
te frustraste, vamos a encontrar otra forma de decirlo”. Aquí es donde enseñamos
habilidades emocionales: ponerle nombre a lo que sienten, expresar sin dañar, y
poco a poco autorregularse. Pero hay algo muy
importante que no podemos olvidar: tu hijo no va a aprender a gestionar sus
emociones si tú no gestionas las tuyas. Si gritas, si reaccionas
desde la desesperación, si pierdes la paciencia constantemente, el mensaje que
recibe es ese: así se manejan las emociones. En cambio, cuando tú respiras, te
detienes, hablas y validas, le estás enseñando con el ejemplo. Por eso, el
trabajo empieza en ti. Te invito a observarte, a
validar tus propias emociones, a permitirte sentir sin juzgarte. Porque cuando
tú aprendes a hacerlo contigo, se vuelve mucho más natural hacerlo con tu hijo. Acompañar emocionalmente
no es perfecto, es consciente. Es elegir hacerlo diferente, una y otra vez. Y
recuerda, después de todo… lo que saca la cuchara es lo que tiene la olla. Acompaño a madres y
padres a entender el comportamiento de sus hijos y romper patrones que se
repiten en la familia: educando con conciencia. *Coach de Crianza
Consciente/ Creadora de #YoAJassoLeHagoCaso
