PIB del neoliberalismo al populismo neoliberal
CARLOS RAMÍREZ
Miércoles 08 de Abril de 2026 10:27 am
EN la campaña
presidencial que lo llevó a la presidencia de la República, Andrés Manuel López
Obrador definió un proyecto de desarrollo estrictamente antineoliberal, pero en
Palacio Nacional, el periodo de la 4T se ha visto obligado a continuar con el
modelo económico neoliberal del Fondo Monetario Internacional que México pactó
hace 50 años. El debate sobre el PIB en
la actualidad tiene que ver con la Carta de Intención de Política Económica que
el presidente Luis Echeverría Álvarez firmó en secreto con el FMI para
reconocer de manera explícita que su estrategia populista había generado inflación
y ésta había derivado en la devaluación. Ese documento subordinó desde entonces
la política de desarrollo a los criterios del Artículo IV del fondo: cumplir
con la teoría friedmaniana del monetarismo para comprometerse a centrar las
decisiones presupuestales en el criterio de control de la inflación por el lado
de la demanda -“la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno
monetario"-. Los dos gobiernos de la
4T están acotados por su dependencia del pensamiento económico
fondomonetarista, de manera igual a la que aceptaron dócilmente las
administraciones federales de López Portillo, De La Madrid Hurtado, Salinas de
Gortari, Zedillo Ponce de León, Felipe Calderón y Peña Nieto. La última Carta
del FMI, en modo de la de 1976, fue firmada en noviembre pasado. Cuando el PRI ya no pudo
sostener su continuidad política desde la Secretaría de Gobernación, el PAN
llegó a la Presidencia de la República para centralizar el eje del modelo de
gobierno en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, cuyos titulares no
pudieron ocultar su origen friedmaniano como Chicago boys mexicanos: Francisco
Gil Díaz con Fox era jefe de esta corriente atrincherada en el Banco de México,
Hacienda y el Instituto tecnológico Autónomo de México; y Agustín Carstens
Carstens fue traído por Calderón a manejar las finanzas mexicanas cuando
cumplía un papel fundamental nada menos que como subgerente general del FMI, el
número dos en el mando del neoliberalismo mundial. López Obrador y ahora
Sheinbaum Pardo han insistido en que su política de desarrollo es
antineoliberal, pero su sustento económico cumple con los postulados de la
inflación desde la óptica del FMI de atacarla por el lado de la demanda. Los
Criterios Generales de Política Económica de los 9 años de la 4T se sustentan
en el cumplimiento de la condicionalidad del Fondo respecto de combatir la
inflación por el lado de la demanda y de que la política del desarrollo debe
someterse a la doctrina de estabilización macroeconómica. El PIB mexicano se
encuentra subordinado en el modelo FMI: no hay crecimiento económico porque las
finanzas públicas están atadas al lastre doctrinario fiscal del conservadurismo
neoliberal del Fondo y la escasez de recaudación alcanza apenas para proyectos
de programas sociales de dinero regalado que no genera multiplicación económica
y lleva a sacrificar inversión productiva en aras del cautiverio social con
subsidios improductivos. Las pruebas están a la vista: el Gobierno Federal ha
dedicado este año alrededor de un billón de pesos –el 10 por ciento del gasto
total- a subsidios improductivos y ese dinero no se ha orientado a estimular la
economía productiva que genere más riqueza, más PIB y más recaudación, porque
la prioridad de política económica busca garantizar la lealtad electoral de los
beneficiarios del dinero regalado. El problema no está en el
populismo de programas sociales improductivos, sino en que la política
económica del Gobierno no se atreve a una reforma fiscal que amplíe la
recaudación y genere recursos también para la actividad económica productiva,
mientras el propio Estado sigue naneando a los empresarios convirtiéndonos en
subordinados contratistas públicos -el modelo del empresario político Carlos
Slim Helú- y la política de competitividad también es inexistente para generar
un sector privado moderno y productivo.
carlosramirezh@elindependiente.mx
